El siglo XVIII, el llamado Siglo de las luces, supuso en el mundo occidental el triunfo de la Ilustración. Las ideas ilustradas impulsaban el racionalismo, la experiencia como forma de conocimiento y la fe en el poder de la razón humana. Se llegó a asumir que la prosperidad sólo sería posible mediante el control y el conocimiento de la naturaleza y los avances de la técnica. En este sentido, la Ilustración implicaba más que un conjunto de ideas fijas e inamovibles una actitud, un método de pensamiento que, en la práctica, se traducía en el diseño de multitud de proyectos relacionados con infraestructuras, educación, urbanismo, sanidad, etc.

Un sueño ilustrado

La necesidad de aprovechar los recursos naturales para el progreso económico del país incluía la construcción de canales que, por ejemplo, uniesen el Océano Atlántico con el Mar Mediterráneo a través de la navegación del río Tajo. Otros proyectos más cercanos a estas latitudes concebían la canalización del río Cigüela desde el valle del Rus en San Clemente (Cuenca), hasta la dehesa de Zacatena en Daimiel (Ciudad Real), situada a más de 100 km de distancia, con un coste presupuestado en unos 17 millones de reales. Algunos planteamientos resultaban inverosímiles y atrevidos para llevarlos a la práctica pero constituyeron el germen de otros que gozaron la fortuna de hacerse realidad.

En el tránsito de los siglos XVIII al XIX, el arquitecto Juan de Villanueva, creador de destacadas obras entre las cuales sobresale el Museo de Ciencias Naturales, actual Museo del Prado, se configuró como uno de los máximos exponentes del neoclasicismo en España y ejerció una importantísima labor en otros campos del saber, especialmente en el diseño y construcción de obras hidráulicas. A él se debe, por ejemplo, la creación del canal del Gran Prior, la desecación de las lagunas de Villena y Turleque, así como diversos planes para la traída de aguas a Madrid, a Aranjuez y a Pamplona.

El proyecto de Juan de Villanueva

En la línea de la canalitis que se apoderó de buena parte de los ilustrados españoles, Juan de Villanueva fue enviado a erigir la Fábrica de Pólvora de Ruidera –aprovechando el salto de agua de la laguna Del Rey–, en la aldea homónima, perteneciente a la entonces denominada provincia de La Mancha. Este edifico se encuentra en la actualidad profundamente alterado, pero durante su construcción nuestro diligente estudioso elaboró un proyecto que nada tenía que ver con propósitos bélicos sino que se focalizaba en el fomento y modernización de la agricultura. En realidad se trataba de poner en regadío amplias zonas despobladas de la llanura manchega para que el agua constituyese el factor de atracción de nuevos efectivos demográficos que ayudasen a repoblarla (como hizo con el poblado de La Magdalena).

Se atribuye a Villanueva la idea primigenia de conducir las aguas de las lagunas de Ruidera (probablemente desde la laguna Concejo, la Tinaja o la de San Pedro –todas a una altitud superior a los 800 m–), hacia el río Azuer y cubrir la margen izquierda del Guadiana.

Juan de Villanueva (1)

Básicamente las aguas se canalizarían al sitio denominado Perdiguero, desde donde se desviarían hacia el paraje llamado El Cubo, en el puerto de Vallehermoso, para continuar por el cauce del río Azuer hasta llegar a Manzanares. Con un coste estimado en 4 millones de reales, se pretendía aumentar el caudal del mencionado Azuer y regar toda su vega.

Los cultivos de regadío estaban muy limitados a las zonas cercanas a norias que tan importantes y numerosas eran en lugares como Daimiel. El plan respondía a otro esbozado con anterioridad que buscaba convertir en regadío el área de alrededor de 30.000 hectáreas entre los ríos Záncara y Cigüela, aprovechando precisamente las aguas de las mencionadas lagunas de Ruidera. En parte, este objetivo se cumpliría con la construcción por el mismo Villanueva, en 1781, del Canal de Gran Prior en Argamasilla de Alba, que pretendía regar todo el Alto Guadiana atravesando los términos de Argamasilla, Cervera, Alcázar, Villacentenos, Herencia, Villarta y Arenas, hasta Villarrubia de los Ojos. Sin embargo, en la práctica su alcance fue muchísimo menor debido a circunstancias muy diversas desde la muerte de su impulsor, al coste económico y a su difícil financiación.

Pero la hipótesis de partida adolecía de un problema prácticamente insalvable: aunque la distancia entre las lagunas y el río era de sólo 9 km en línea recta, requería superar la loma de Cinco Navajos, cuya elevación es superior a los 900 m, muy por encima de la altura de las lagunas y del río.

Con anterioridad, hacia 1774, se trató de limpiar el cauce del Azuer, buscando no solo el riego sino la eliminación de las zonas pantanosas con enfermedades endémicas como las fiebres o calenturas. Tuvieron que transcurrir doce años para que comenzase su ejecución que derivó en la construcción de un canal que no llegó a concluirse. A pesar de todo, este proyecto era muy conocido en su época y fue rescatado por los perspicaces ingenieros franceses en el año 1811 cuando estudiaron la derivación de aguas para aumentar el caudal del Azuer buscando el incremento de la productividad de los cultivos pero también la disminución de las enfermedades asociadas con zonas insalubres y pantanosas.

El plan de Villanueva pudo haberse materializado hacia 1806 tras completarse el expediente de limpieza del río desde El Cubo hasta la dehesa de la Vereda, en el término de Alhambra, pero las contingencias asociadas con la Guerra de la Independencia impidieron que este, como tantos otros proyectos, se pudiese materializar.

El río Azuer a su paso por Manzanares a mediados del siglo XX

El Azuer a su paso por Manzanares (2)

La limpieza del río Azuer

Figura un decreto expedido por el Gobierno de José I en el que, con fecha de 10 de abril de 1812 y a requerimiento de la municipalidad de Daimiel, se autoriza una nueva limpieza del cauce del río Azuer en la parte de su jurisdicción, precisamente para el que el agua pudiese correr con facilidad y llegase a los cultivos que podrían beneficiarse con el riego. Asimismo, se acordaba la cesión de la parte desaguada del Guadiana –que desde hacía más de dos siglos no se cultivaba aunque pertenecía a la Corona­–, para que repartiese entre 50 braceros pobres de la localidad en pequeñas suertes, libres de toda tributación con la única obligación de roturar y abonar los terrenos, aunque debían satisfacer los diezmos de los productos que se recolectasen. No obstante, se pretendió sufragar las tareas de limpieza con las contribuciones de los terratenientes que disfrutaban del beneficio del riego con las aguas del río, aunque finalmente se optó por devengar en la villa de Daimiel el modo de financiación de las obras.

El decreto fue efectivo para el aprovechamiento agrícola de las tierras llamadas Suertes del Concejo, en cambio la limpieza obtuvo un éxito limitado pues a finales de 1823 se publicaba una Real Provisión para la limpieza del Azuer desde su nacimiento hasta su confluencia con el Guadiana.

En 1833, la Junta de Fomento y Riqueza del Reino solicitó al Ayuntamiento de Alhambra el proyecto y los estudios asociados al mismo, pero sus pesquisas resultaron infructuosas puesto que el borrador se había perdido. No obstante, el cura-párroco José Cándido Peñafiel se trasladó a Ruidera y dibujó de nuevo los planos apetecidos, remitiendo la documentación sin que se volviese a saber nada más de dicho asunto.

Diego de Medrano afirmaba en 1843 que este proyecto pudo extraviarse a consecuencia de la invasión francesa; en ese caso difería de la línea seguida por el gobierno de José I de impulso a la agricultura y a los regadíos. No obstante, no conviene abandonar la posibilidad de la influencia de los dueños e instituciones propietarias de molinos de agua a quienes costaría vislumbrar el beneficio global de la empresa.

Continuará…

Primera parte del estudio histórico titulado «La domesticación de las Lagunas de Ruidera o el canal del río Azuer».


Imagen de portada. Trazado de los proyectos de canalización de Juan de Villanueva y Carlos M. de Castro. Elaboración propia.
(1) MADRAZO, FEDERICO. Litografia de Juan de Villanueva. El Artista (Madrid, 1835-1836). Tomo I. Fondos de la Biblioteca Nacional de España.
(2) Puente de la Reina. Manzanares. Fuente: http://historiamanzanares.blogspot.com/
MEDRAÑO Y TREVIÑO, DIEGO (1843): Consideraciones sobre el estado económico moral de la provincia de Ciudad Real. Carrera de San Jerónimo. Madrid.
MADOZ, PASCUAL (1848): Diccionario, geográfico, estadístico de España y sus posesiones de ultramar, 3. Imprenta del Diccionario, geográfico, estadístico, histórico de Pascual Madoz. Madrid.
DÍAZ, MARIANO B. (1897): Importancia de la canalización del Guadiana para el desarrollo de la riqueza agrícola e industrial de La Mancha. Tip. Provincial. Ciudad Real.