Los petroglifos en el tobazo de Ruidera fueron el lienzo en el cual, durante siglos o milenios, el hombre de las lagunas plasmó sus ilusiones, miedos y esperanzas.
Igual que hoy se cuelgan de muros y paredes cruces e imágenes devotas, nuestros antepasados del Alto Guadiana utilizaron el tobazo como pared para «colgar» sus símbolos e iconos religiosos.
La piedra tobácea se presta a ello ya que es una roca porosa de dureza relativa, formada por la precipitación de carbonatos a partir de cuerpos de agua dulce a temperatura ambiente.
Sea como fuere, distintos pueblos utilizaron como medio de expresión los petroglifos en el tobazo de las lagunas, plasmando acontecimientos, costumbres artísticas, mitos o vivencias, con elementos y convicciones comunes a su existencia.