Accedemos al interior de una de las formaciones tobáceas conocidas como los «hongos de las Lagunas de Ruidera» o los «chozos de la Lengua» por una estrecha abertura que nos permite vislumbrar su misterioso interior hueco. En las entrañas de la toba, apenas hay sitio para una persona de rodillas. Las estrechas dimensiones de la oquedad no nos permiten ponernos de pie.

De esta forma terminábamos nuestro primer artículo dedicado a estos impresionantes edificios tobáceos. Ahora, en el corazón de la toba, el tiempo está detenido. Una tenue luz que penetra por la grieta de la entrada ilumina levemente el interior del hongo. Encendemos la linterna y dirigimos el haz de luz hacia el fondo…

«No cabía la menor duda, aquí hubo un reducido grupo de personas que oraban y hacían exvotos, convirtiendo este sitio en un lugar ritual» (1)

La capilla de toba

El templo del hombre de las Lagunas

Estamos frente al altar de los hongos de las Lagunas de Ruidera, lienzo tobaceo donde nuestros antepasados plasmaron sus anhelos de estar cerca de sus ancestros y de su creador. Se trata de un panel de unos tres metros de anchura y más de medio metro en su parte más alta donde destacan sobremanera los grabados cruciformes realizados con diferentes materiales, unos de tamaño grande y otros de tamaño muy fino y pequeños. Cruces latinas y patriarcales que fueron grabadas con diferentes elementos punzantes de distintos grosores. Este hecho no pasó desapercibido a Salvador Jiménez en el siglo pasado (1) que lo describió de la forma siguiente:

«En uno de ellos que hay situado en el centro, por encima de una repisa que le da aspecto de una pequeña ermita con su altar natural, vimos, tras unos minutos de observación, varios tipos de grabados esquemáticos, entre los que destacaban uno muy parecido a la cruz de Caravaca y una esquematización que representaba un ganso»

altar de los hongos de las Lagunas de Ruidera

Sección izquierda del panel

La ubicación del altar en el interior del hongo, protegido de las inclemencias meteorológicas y maquillado con incontables capas de cal fruto de las cíclicas fluctuaciones del nivel de las aguas de la laguna, ha hecho posible que parte de sus grabados hayan llegado hasta nosotros. Aunque no es el objeto de estas líneas abordar la problemática sobre el origen de los grabados, que interesante sería realizar un estudio para determinar los diferentes momentos en que pudieron ser realizados.

A continuación vamos a describir los diferentes petroglifos que pueblan la cara del lienzo, recorriendo toda su extensión de izquierda a derecha.

La gran Cruz de Caravaca

En el extremo izquierdo del altar destaca sobremanera una gran cruz con dos travesaños horizontales. Su parte inferior sobresale ámpliamente de la superficie del lienzo. Se trata de una representación de la famosa Cruz de Caravaca. Cruz del tipo denominado patriarcales, compuestas de un pie y dos travesaños paralelos y desiguales que forman cuatro brazos.

Cruz de Caravaca de la laguna Lengua

Gran Cruz de Caravaca

A modo de pequeña historia, la  Cruz de Caravaca se conserva en un relicario con forma de cruz de doble brazo horizontal (de 7 y 10 cm) y de 17 cm de alto con la apariencia de un pectoral grande. Según la tradición perteneció al patriarca Roberto de Jerusalén, primer obispo de la ciudad santa tras ser conquistada a los musulmanes en la Primera Gran Cruzada del año 1099.

Ciento treinta años más tarde, en la sexta cruzada de 1229, un obispo sucesor de Roberto en el patriarcado, tenía posesión de la reliquia. Dos años después la cruz se encontraba milagrosamente en Caravaca. Según la tradición, la Vera Cruz se apareció en el Castillo-Alcázar de Caravaca el 3 de mayo de 1232 y allí se venera desde el siglo XIII cuando tuvieron lugar las primeras peregrinaciones que continuarían a lo largo de los siglos.

De vuelta al altar, a la derecha de la cruz de Caravaca hay una pequeña oquedad de forma rectangular vertical. Al estar junto a petroglifos cruciformes nos anima a pensar que pudo servir como un pequeño compartimiento donde las gentes que allí acudían depositaban sus ofrendas, devotos o incluso los restos de sus seres queridos.

El ganso de la Lengua

Un poco más a la derecha uno de los grabados más enigmáticos de todo el panel y posiblemente de todo el parque natural, que por desgracia hoy ya no podemos contemplarlo. Salvador Jiménez lo describió como «una esquematización que representaba un ganso». Gracias a su fotografía tomada en los años 80 del siglo pasado hoy podemos tener memoria de aquel dibujo que el tiempo y el olvido se han llevado para siempre.

Ganso de las lagunas de Ruidera

La cruz y el ganso en los 80 (1)

En la citada imagen, que antecede a esta línea, se puede ver la figura del ganso en el ángulo superior derecho. La cruz de Caravaca y la oquedad rectangular, aunque más deterioradas, sobreviven, pero la figura del ave, como vemos en la imagen siguiente, tomada en el invierno del año 2018, ha desaparecido totalmente.

Ganso de las lagunas de Ruidera

La cruz y el ganso 30 años después

Este grabado, único en todo el lienzo que representa una figura animal, se asemeja a un ave con la cabeza en un lado y la cola en el otro. Si la figura animal representada fuera un ganso estaríamos ante una figura de origen pagano que resalta entre las numerosos cruciformes.

Ganso de las lagunas de Ruidera

Ganso de la Lengua (1)

Otra posibilidad es que el animal dibujado fuera una paloma, animal omnipresente en la cultura cristiana desde sus orígenes y símbolo usado en representaciones antiguas y paleocristianas para denotar el deseo de un difunto pobre de espíritu y valores. En la primera mitad del siglo III comienza a usarse también la paloma en las representaciones del Bautismo de Jesús, donde, siguiendo el texto evangélico, represénta al Espíritu Santo. Esta identificación de la paloma con el Espíritu Santo será frecuente y se prolonga a lo largo de toda la historia del arte cristiano.

Por otra parte, es un fenómeno propio del arte paleocristiano el que algunas figuras o imágenes usadas en contextos paganos fueran reutilizadas y potenciaran su significado al ser empleadas por los cristianos sobre todo en el arte funerario.

Es probable que esta importante presencia de cruciformes pudiera tener su origen en el intento de purificación de un lugar con una importante carga simbólica y manifestaciones de tipo pagano, como la figura de un ganso, que bien pudieran tener su origen en una época anterior. Durante la Edad Media y Moderna, es muy común a lo largo de toda la Península Ibérica, la purificación mediante el uso de la cruz de lugares considerados por los cristianos como paganos o impuros. Este pudo ser el caso del hongo de la Lengua, en el que una vez purificado, pudo mantener su uso como lugar de culto, pero ahora ya cristiano, manteniendo por tanto la carga simbólica del lugar (2).

Cruz que preside el altar

Exvotos y otros grabados cruciformes

A la derecha del ganso aparece otra oquedad similar a la descrita anteriormente situada a la vera de una cruz latina que desde el centro del panel parece presidir todo el altar. Está formada por dos segmentos de diversa medida que se intersecan en ángulo recto. Sus trazos hundidos más que los de ningún otro grabado en la piedra delatan el ahínco con el que su autor realizó su trabajo, rasgando la toba con algún objeto punzante de ciertas dimensiones. A su derecha un espacio en el cual se distinguen levemente varios trazos que el paso del tiempo nos impiden interpretar. Parece que pudo existir una nueva oquedad, de dimensiones similares a las anteriores que ha sido colmada por la toba.

¿Por qué los pobladores de las lagunas se esmeraron en tallar varias pequeñas cavidades junto a los grabados cruciformes? Si el hongo fue utilizado como templo o lugar de culto, y la masiva presencia de cruces parece no dejar dudas, es muy probable que los hombres y mujeres que habitaban o transitaban por las lagunas se acercaran a este lugar, para ellos sagrado, a dejar una ofrenda votiva en forma de algún objeto por motivos rituales. Los exvotos son ofrendas que se depositan en santuarios o lugares de culto y pueden consistir en figurillas representando personas o animales, armas, alimentos, etc. Aunque tienen su origen en las civilizaciones egipcias y mesopotámicas, pasaron al catolicismo como ofrendas dejadas por los fieles que habían recibido un don o curación como ofrenda y recuerdo. Hoy día pueden verse en numerosos santuarios o centros de peregrinación.

Altar de los hongos de las Lagunas de Ruidera

Sección derecha del panel

En el extremo derecho del panel otra cruz de las que se denominan patriarcales, compuesta de un pie y dos travesaños paralelos de dimensiones similares que forman cuatro brazos. Junto a ella, otros trazos  en la piedra de difícil interpretación nos hacen terminar la exposición del panel con sentimientos encontrados: por un lado atónitos por haber contemplado una pequeña partecica de la historia que dejaron escrita los hombres y mujeres que vivieron en las lagunas hace muchos, muchos años, y por otro la tristeza de saber que una parte de esa pequeña partecica se ha perdido para siempre.

(1) JIMÉNEZ, S. Las Lagunas de Ruidera en el tiempo. (1982)
(2) RUIZ SABINA, J.A. Aplicación de la fotogrametría aérea por dron al estudio y documentación del arte rupestre y análisis por medios digitales: los grabados de la Laguna Tinaja (Lagunas de Ruidera, Albacete) desde un nuevo punto de vista. (2015)