El 24 de agosto de 1780 por la mañana Pedro Molina, oficial operario de los molinos de la Fábrica de Pólvora de Alcázar de San Juan, entregó a Vicente Joaquín de Contreras, juez contador de la Mesa Maestral de Santiago, una carta de José Sanz Durán, que en aquel momento ocupaba el cargo de administrador general de los molinos de dicha fábrica por indisposición del titular.

En las inmediaciones de la fábrica de pólvora

Escasez de agua en los molinos de Cervera

En dicha misiva Durán hizo presente a Contreras que el 15 de agosto de aquel año los directores generales de rentas de la Real Hacienda [16] escribieron a Manuel González Durán, director de la renta de los Maestrazgos, haciéndole presente que en los molinos de pólvora de Cervera, actual Alameda de Cervera pedanía de Alcázar de San Juan, se experimentaba una gran escasez de agua.

Diariamente estaban parados uno o dos de ellos y esta escasez, aunque siempre era muy perjudicial al servicio del rey, lo era mucho más en aquellos momentos en los que se necesitaba la pólvora para la defensa del Estado en la guerra en la que se hallaba incurso.

Por esas razones Durán estimaba que era preciso indagar la causa de dicha escasez de agua y estaba seguro que Contreras tomaría las providencias más convenientes, destinando a una persona para que, junto a Pedro Molina, oficial operario de los molinos de pólvora, pasase a las lagunas de Ruidera, registrase sus compuertas y comprobara si estaban levantadas del todo. Y en el caso de que no lo estuviesen, como era regular y quedaba acreditado por la escasez de las aguas, castigase severamente a los molineros de los molinos de la parada del rey (Fig. 9), exigiéndoles una multa de 200 ducados con la que ya estaban apercibidos por Francisco Antonio Manzano, alcalde ordinario de Alhambra, por auto de 22 de julio de aquel año.

Reconocimiento del Sitio de Ruidera

Contreras contestó a Durán informándole que el día 19 del mes en curso, había comisionado al visitador de rentas José Almendáriz para que reconociese el Sitio de Ruidera, cuyas diligencias le habían sido presentadas esa misma mañana sin que las hubiera podido revisar.

No obstante, para cumplir con el mayor celo posible su cometido, el juez contador encargó de nuevo a Almendáriz que se desplazase a la villa de Alhambra y, después de tomar nuevo permiso de su justicia, procediera, junto a Pedro Molina, a ratificar las diligencias operadas en el Sitio de Ruidera en virtud de su anterior comisión.

Para una mayor seguridad en las actuaciones, subrayó Contreras, el oficial Molina debía concurrir todos los juramentos y ratificaciones, firmando su personal asistencia.

Ruidera en 1885, escasez de agua
Fig. 1. Ruidera y su fábrica de pólvora en 1886

Ratificación de los testigos y peritos

En la madrugada del día 25 partió Almendáriz con el escribano Juan Fernández Mejía hacia la villa de Alhambra, donde requirieron a su alcalde, Francisco Manzano, informándole de su nueva comisión. Después se dirigieron a Ruidera donde llegaron sobre las 11 de la mañana.

Inmediatamente Almendáriz ordenó que compareciesen los testigos y peritos que habían declarado días atrás para ratificarse en sus palabras o añadir algo nuevo si lo estimasen necesario. Todo ello en presencia de Pedro Molina, oficial operario de los molinos de pólvora de Alcázar de San Juan.

El primero en comparecer fue Miguel Lucas Guerrero quien, después de prestar juramento en forma de derecho, se reafirmó en su declaración sin tener que añadir o quitar cosa alguna. Igualmente se ratificaron los testigos Fernando Amador, Tomás Colores y Antonio Palomo y los peritos Antonio Merino y el propio Miguel Lucas Guerrero. El único testigo que no pudo ratificar su declaración fue Juan Utrilla, guarda del cuarto de Cinco Navajos, que se hallaba ausente aquel día.

Por ello, al día siguiente el comisionado ordenó que se examinaran a otros tres testigos que pudieran confirmar que Utrilla había dicho la verdad en su declaración, para no detener al oficial de la fábrica de Alcázar de San Juan y dar curso a la causa para su pronta expedición.

Juan Jiménez, vecino de Alhambra, residente en aquellos momentos en el Sitio de Ruidera, después de prestar juramento y leer la declaración de Juan Utrilla, manifestó que conocía al testigo ausente de vista, trato y comunicación. Le tenía por hombre timorato de Dios y le constaba que era verdad todo cuanto había declarado. De 40 años de edad, poco más o menos, firmó su declaración. En los mismos términos declararon Gregorio Villamayor y Andrés Chaparro, vecinos de Alhambra. Ambos también residentes en Ruidera, de 40 y 30 años de edad respectivamente. Ninguno firmó su declaración.

Inocencia de los molineros de Ruidera

Evacuada la ratificación de los testigos, todos los componentes de la audiencia regresaron a Villanueva de los Infantes para dar parte de sus actuaciones a Vicente Joaquín de Contreras. El juez contador, vistas las diligencias de ratificación obradas por el visitador José de Almendáriz y las realizadas con anterioridad sobre el estado de las aguas del Sitio de Ruidera y el manejo que de ellas hacían los arrendatarios y molineros, dictó una formal resolución disponiendo que, por lo que tocaba al cumplimiento de su obligación, no había encontrado ni descubierto que los arrendatarios o molineros de Ruidera hubieran hecho mérito alguno que fuera digno de exacción de multa, ni tampoco motivo para apercibirles sobre el gobierno y administración de las aguas, ya que ejecutaban su cometido con legalidad y pureza según correspondía y sin perjuicio de tercero.

No obstante, debido a las reiteradas quejas del administrador de los molinos de la Real Fábrica de Pólvora de Alcázar de San Juan por la escasez de agua, remitió el expediente a José Vizcaya, tesorero general de Maestrazgos, para que dispusiera lo que estimara más conveniente, copiando previamente dos testimonios de todas las diligencias, uno para el administrador de los molinos y otro para la contaduría de la Mesa Maestral [17].

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Quinta y última parte del artículo titulado «Ruidera en los reconocimientos de 1775 y 1780» publicado en Cuadernos de Estudios Manchegos nº 45, Instituto de Estudios Manchegos, 2020. 


Imagen de portada. Mortero de piedra del Museo Municipal de Alcázar de San Juan. Posible procedencia de la fábrica de Cervera.
Figura 1. Plano de la aldea de Ruidera, Instituto Geográfico Nacional, 1886.
[16] Dentro del proceso de modernización de la administración del reino de España, se creó en el año 1740 la figura de los directores de rentas, nombrados para dirigir las rentas llamadas generales, que se pusieron entonces en administración de cuenta de la Real Hacienda. Posteriormente se les fueron agregando las demás rentas conforme se iban poniendo en administración, lo que derivó en que la denominación de directores de rentas se mudara por la de directores generales de rentas. Su cometido era procurar el beneficio y cobranza de dichas rentas, entre las que se encontraban las de la pólvora, plomo, naipes y azogue con sus fábricas y minas, consultando lo que juzgasen necesario para obtener la aprobación real. De ahí su preocupación por la escasez de agua en Cervera.
[17] AHN, Sección Órdenes Militares (OOMM), Santiago, legajo 6413, reconocimiento de 1780.