Las primeras referencias en torno al salitre o a la pólvora que aparecen en el Archivo Histórico Municipal de Alcázar de San Juan se remontan al siglo XVI y son de segundo orden pues aparecen en el inventario realizado en 1739. En él se reflejan documentos que en la actualidad no se conservan en el archivo como una ejecutoria de 1503 que no se vendiese jabón y salitre en Alcázar, de lo que se deduce que la actividad del salitre ya estaba asentada en la antigua villa. También hay una serie de normativas de 1578 y 1590 sobre la labor del salitre, la pólvora y los salitreros.

Las características geomorfológicas del entorno de Alcázar -y del propio casco urbano- ven favorecida esta actividad, ya que afloran costras salinas propias de los materiales geológicos del terreno que datan al menos del Triásico (principalmente Keuper y Bundstanstein), aunque también hay presencia de materiales tipo limo del Cuaternario característicos de la cuenca sedimentaria manchega y aún visibles en ciertas partes del propio casco urbano.

Aunque la tradición salitrera hoy en día es poco conocida documentalmente, el salitre sigue estando presente en nuestra ciudad. No hay nada más que ver como en nuestros edificios más antiguos y en ciertas zonas residenciales el afloramiento de estas sales aparece en forma de humedad, haciéndose patente que Alcázar es un terreno es rico en sal, conforme se decía el cantar popular “en la calle salitre / hay muchas casas / la que no está caída / poco le falta”.

La industria del salitre y de la pólvora en Alcázar de San Juan fue uno de los pilares económicos desde la Edad Media hasta mediados del siglo XIX por lo que parece extraño que hasta ahora nadie hubiera investigado sobre el tema.

Por eso es de agradecer, primero a Juan Ángel Ruiz Sabina, su Tesela “La fábrica de salitres de Alcázar de San Juan” publicada en 2017, y ahora a Pablo Pichaco que haya hecho el esfuerzo de recopilar la información que en la actualidad tenemos al respecto.

La industria tiene varios puntos de interés como son las descripciones de su funcionamiento, ubicación y organización administrativa recogidas por el autor en su trabajo y que sin duda contribuirá a despejar muchas dudas y servirá de base de futuras investigaciones.

Entender la industria del salitre ya es algo si tenemos en cuenta que los edificios que se dedicaban a este menester en Alcázar de San Juan eran muchos dentro y fuera del núcleo urbano; incluso se llevaba a cabo en las propias casas, en las que existían estancos de pólvora y los vecinos extraían el salitre de los patios de sus viviendas.

El espacio que identificaba por excelencia esta actividad en la ciudad y que contaba con un edificio llamado la fábrica de salitres, se situaba entre la calle Toledo y la actual avenida de Herencia.

Esta ubicación que tanto ha costado identificar a los investigadores, hoy está totalmente desaparecida bajo el entramado urbano. Llegó a contar con una superficie de más de 13.000 metros cuadrados a los que hay que añadir los terrenos nitrosos de su alrededor, lagunas y otros elementos. Gran parte de la población se dedicó directa o indirectamente a esta actividad hasta prácticamente la segunda mitad del siglo XIX cuando el ferrocarril y el vino cogieron el testigo como principales actividades económicas de la recién nombrada ciudad.

Además, eran conocidas como fábricas los molinos de pólvora de “zervera” (actual Alameda de Cervera) adaptados en el siglo XVII para esta actividad y que un siglo después, con las obras del canal del Gran Prior, son trasladados a la vecina localidad de Ruidera.

La fábrica fue al principio solo de salitre y, debido al contexto histórico, con los continuos enfrentamientos bélicos de la época, pasó a ser también de pólvora al convertirse en un elemento de primera necesidad. En el siglo XIX pasó de nuevo a ser solo fábrica de salitre, como en su origen.

Fueron muchas las personas que se dedicaron a esta actividad. Ángel Ligero, en sus investigaciones cervantinas, cita a Juan de Acuña Vela [1], hijo del regidor alcazareño Pedro de Acuña, y dice de él que llegó a ser miembro del Consejo de Guerra en 1603 y Capitán General de Artillería, con sede en Valladolid, residencia de la Corte de Felipe III. Este señor tenía el cargo de director general de las fábricas de pólvora y recogía el salitre de toda España.

Tomás López, por su parte, relata en el siglo XVIII que: “La fábrica de salitre de esta villa es la más útil y mejor del reyno, como asimismo muy antigua, pues ya existía el año de 1518 [2], siendo proveedor general de la pólvora de España, y Administrador” en este siglo XVIII “de Alcázar D. Miguel Francisco Aldecoa [3]. Son 12 las calderas de salitre colocadas en esta fábrica, que anualmente producen 50 arrobas de afinado u algo más. El señor Infante D. Gabriel mejoró la fábrica y labores de ella”. Lo que justifica que la fábrica fuese creciendo a lo largo de los años tanto en enseres como en actividad, e incluso que los trabajadores se especializaran gracias a su experiencia en Alcázar y llegaran a desarrollar sus saberes en América, lo que pone de manifiesto cuán importante fue esta actividad y todo lo relacionado con ella.

Prólogo de Francisco José Atienza Santiago.

La industria del salitre y la pólvora en Alcázar de San Juan

La historia muchas veces no es justa, sobre todo con los trabajos más duros y humildes, como era el de salitrero, de ahí la poca información al respecto del mismo, ya que estas labores antiguamente no estaban muy documentadas. Para comprender un poco la industria del salitre y la pólvora en Alcázar hay que retrotraernos a la Edad Media con la carta puebla de Alcázar otorgada en 1241 y su posterior fuero [4] que normalizaba la vida en la antigua villa, como parte de los intereses repobladores de la Orden de San Juan en el interior Peninsular, establecía el origen de Alcázar de San Juan tal y como la conocemos hoy.

Las salinas de Espartinas

Ya en el siglo XIV, el Rey Alfonso XI considera que los pozos, salinas y lagunas con sal del conocido como Campo de San Juan pasen a formar parte de la Corona. Para ello se regula el comercio de la sal [5] en 1338 en las Cortes de Burgos y se crea una renta de las salinas [6] donde se incluyen las conocidas como salinas de Espartinas de Ciempozuelos (Madrid). La explotación de estas salinas pasaría a formar parte de la administración de Alcázar, al menos desde 1520, con la aparición en el archivo municipal de una provisión real en la que se establecía que los vecinos de la villa de Alcázar podían comer sal de Espartinas; unos años después, en 1537 [7], queda reflejado este privilegio en el archivo de Simancas.

En 1586 se hacía referencia al privilegio de las salinas de Espartinas, que la villa de Alcázar tenía, y que constaba de una renta anual de 20.000 maravedíes de juro. Dada la importancia que tenía la conservación de este privilegio en el archivo municipal, se encargó una caja de noguera a Diego Gutiérrez, pagándole cinco reales por su fabricación.

Estas salinas serían objeto de diferentes arrendamientos [8]. Uno de ellos es el de Fernando Vázquez del Portillo, en cuyo cuaderno de arrendamiento [9] (1448) se incluyen arrendamientos de lagunas de menor entidad como las de Quero y Villacañas en las inmediaciones de la Vía Antonina.

Parte del documento de la copia del cuaderno de condiciones del arrendamiento de las salinas de Espartinas con el almojarifazgo -una especie de impuesto aduanero de importación y exportación de mercancías- y renta del peso de la ciudad de Toledo otorgado por Juan II. En ellos se hace referencia a lagunas salinas del entorno de Alcázar de San Juan. Fuente: AGS.

Esta sal, utilizada para la obtención de salitre, suponía una serie de dificultades en su manejo y resultaba, por lo rudimentario de la técnica de extracción del llamado salitre afinado, un recurso que bien era objeto de robo [10] por parte de los propios administradores de las salinas -caso de Ramos García en 1480, arrendador y recaudador mayor de las salinas de Espartinas- o bien se expusiera al fraude a la hora de este afinado, que llevó incluso al almacenamiento de sal a Quero para asegurar el estanco de sal de la Corona [11].

Para entender este comercio de la sal, podemos tomar como referencia un documento del Archivo Municipal de Alcázar de San Juan de 1560, con fecha de 5 de marzo, que trata sobre un concierto con los arrendadores de las salinas de Quero, sobre la sal, para arrendadores de Espartinas.

Dichas salinas, las de Quero y Espartinas, estaban bajo la misma jurisdicción salinera, ya que las de Quero pertenecían a una especie de Partido o comarca salinera bajo la denominación de Espartinas.

Las salinas de Espartinas se encuentran en el actual término municipal de Ciempozuelos (Madrid). Durante el siglo XVI su importancia se debió a su situación estratégica, a mitad de camino entre Madrid y Toledo, ciudades que en ese siglo sumaban un mercado de 150.000 consumidores.

El Partido de Espartinas, cuyo núcleo principal era la salina del mismo nombre, se caracterizaba junto con las salinas de Atienza, por ser el manantial salado más importante del reino de Castilla; comprendía otras salinas como las de Belinchón, Villarrubia, Quero y Peralejos, contando con algunos alfolíes (almacenes de sal) en Toledo, Talavera de la Reina y Puente (del Arzobispo). En la segunda mitad del siglo XVIII tenía un gasto total de 124.512 reales de vellón para la Corona.

Una peculiaridad del Partido de Espartinas era que estaba regido en su administración directa por dos jueces-subdelegados, uno general y otro específico, que desempeñaban funciones para las tierras del Priorato de San Juan, y que según algunos autores tenían residencia en Alcázar. Por lo tanto, el convenio protocolizado por el escribano Sebastián Ramírez, notario de su majestad real, del negocio y causa de las salinas de Espartinas, que realizan en 1560 los justicias de Alcázar, con sus alcaldes Gonzalo Hidalgo y Juan Sánchez Román, junto a los nombres de sus otros regidores, con Diego García, recaudador mayor de las salinas de Espartinas, para el abastecimiento de sal a los vecinos de Alcázar desde las lagunas de Quero, establece las condiciones que los arrendadores deben cumplir con la villa para la explotación de este bien común como es la sal y en él dicen que estos asentistas deben pagar de “cada un anno diez myll quinientos cincuenta y un de por razón de espartinas e diez fanegas de sal que se les da a la laguna de Quero”. También se le ajusta el pago de los portes “sustado el porte del traer doze myll ochocientos e cincuenta e dos maravedíes segunt quan en el ayuntamiento se contiene en dos cartas de arriendo”. A la vez que el mismo documento nos indica que dentro del archivo del antiguo ayuntamiento existirían en este siglo XVI dos cartas de arriendo que estarían como dice el documento con “su sobresello para costumbre y sepan signado escribano de su majestad que las salinas de espartinas a treinta días del mes de junio del anno próximo pasado de myll quinientos e cincuenta e nueve annos”.

Si a esta documentación le añadimos la anteriormente descrita nos indica que esta renta real sería junto con el ganado uno de los principales ingresos económicos que tendría la villa de Alcázar durante el siglo XVI. Lamentablemente no hemos podido fijar el periodo en que la villa ha podido disfrutar de la sal de Espartinas y sus rentas anuales, pero la época de mayor bonanza sería, como en todo el reino, el siglo XVI.

La sal desde la Prehistoria fue fundamental para toda la sociedad por su importancia en la alimentación, especialmente en la industria conservera, basada entonces en las salazones de carnes y pescados. Si a esto le unimos que durante el siglo XVI estas explotaciones reales en pleno auge producían más de un millón de kilos de sal común al año, y que se recogían más de doscientos mil kilos de sal procedente de pozos particulares hacen que dicho siglo sea el período de máximo esplendor de estas salinas, que con el tiempo fueron decreciendo hasta finales del siglo XIX, dejando de ser monopolio real y liberalizando su comercio.

El uso de la sal para la obtención de salitre y con ello obtener pólvora a base de mezclarlo con carbón y azufre es una necesidad que surge para el reino de España al menos desde este siglo XVI y siempre para necesidades bélicas.

Si bien hay referencias fidedignas del uso de pólvora al menos desde el sitio de Algeciras en 1342 donde el rey Alfonso XI se enfrenta a los musulmanes [12] lanzando piezas de hierro desde armas pirobalísticas, donde “los Moros que defendían la plaza disparaban muchos truenos contra las huestes, en que lanzaban pellas de fierro muy grandes… e otro sí lanzaban con los truenos saetas muy grandes é muy gruesas: así que ovo y saeta que un ome había mucho que facer para la alzar [13]”.

El salitre y la pólvora

La utilización de la pólvora se verá incrementada conforme se considere elemento central en el ataque y se mejoren los aprovisionamientos en aquellos sitios donde España tenía conflictos bélicos, por lo general más allá de las fronteras peninsulares [14]. Surge por ello la necesidad de asegurar los tres elementos que la conforman.

Bolaños utilizados en las bombardas
Bolaños utilizados en las bombardas, precursoras de los cañones actuales y
consideradas como el arma de fuego más antigua. Imagen: falconaummani.

El salitre es obtenido sobre todo en estos primeros años de las lagunas endorreicas del Priorato de San Juan, siendo Tembleque (Toledo) el lugar de mayor producción.

En Alcázar se empiezan a adaptar casas [15] a lo que luego eran considerados como estancos de pólvora y a los que van a llegar todas estas provisiones procedentes de Huerta, el propio Tembleque, El Pedernoso, La Guardia, Lillo, El Romeral, Montalvo, Quero, Santa María del Campo, Villaconejos y Ciempozuelos (de las citadas Salinas de Espartinas). También iban a proliferar las salitrerías en el territorio. Sirva como ejemplo las de Piédrola[16], que pertenecía a los bienes de propios del concejo de Alcázar, aunque las más características son las del entorno de lo que fuera más tarde la fábrica de salitres, principalmente el Barrio de Santa María, llegando a condicionar el desarrollo urbano de Alcázar hasta bien entrado el siglo XIX [17].

Los molinos de pólvora, conocidos también como fábricas, llegan en 1642 tras la reconversión de molinos harineros en Alameda de Cervera [18], funcionando hasta 1783 [19], momento en el que el Gran Prior de la Orden, el infante Gabriel de Borbón, a instancias de Juan de Villanueva, traslada la maquinaria hasta los molinos de Ruidera, readaptados o construidos para tal menester y dependiendo de la administración de Alcázar hasta el cierre de la fábrica en 1866.

Los molinos de Cervera

Fueron más de tres siglos en los que surgieron numerosos problemas -principalmente de desabastecimiento de pólvora-, pero que le valieron a las fábricas de salitres y pólvoras de Alcázar de San Juan importantes reconocimientos. Estos molinos luego fueron transformados en batanes y se construyeron algunos nuevos más como el batán de Cervera, frente a la puerta del castillo y junto al puente de igual nombre, cercano al pozo de “El Egido o Exido”, situado en el exterior del denominado corral del “Beato”. Para el batán nuevo se pide permiso de construcción y Manuel de Reyes, Antonio y Manuel Archidona, padre e hijos respectivamente, vecinos de esta villa en 1817, bataneros de profesión, plantean al Gran Prior, que si les concede permiso para construirlo ellos mismos, luego la propiedad pasaría al infante D. Pedro Carlos María de Borbón [20] por un módico arrendamiento. La idea era establecer en el castillo una fábrica de seda (cabe recordar la existencia del batán próximo de Villacentenos, donde se iba a limpiar la lana o ropa junto al manantial de “la poza” o “poza vinagre”).

Toda esta infraestructura desaparece en 1864 con la venta de todos los bienes como consecuencia de la desamortización cuando en este año se realice su remate. En el boletín de ventas aparece como “una tierra en los molinos de Cervera titulada en lo antiguo de Lope de Taguada, y en la actualidad del Jardinillo, término de Alcázar de San Juan, procedente de la Gran Dignidad Prioral en la orden de San Juan de Jerusalén…”.

Alameda de Cervera

Además de las tierras de labor de cebada y trigo se hallaba una casa de administración de los molinos de pólvora “la cual consta de dos anchuras y se compone de una cocina, dos cuartos y una cuadreja dentro de dicha cocina en la cual se hallan cuatro puertas y dos ventanas; un pasillo para la escalera con su puerta y una cuadra también con su puerta, una escalera subida a las habitaciones altas, con su baranda de madera inútil: una antesala con su balcón de madera y su puerta, todo en mal estado: una cocina con su puerta, chimenea y dos ventanas: una despensilla y subida para el suelo perdido… de 1026 pies: un patio con su cerca puerta de entrada y pozo de 2378 pies, un descubierto a poniente sin cerca que solo existen los cimientos hasta llegar al cuadro de la casa de 1971 pies. El todo de esta casa mide 7231 pies superficiales estando sus murallas y cubiertas en estado ruinoso. Otra casa a un agua a saliente de la anterior, la cual se compone de dos cocinillas y dos cuadrejas con dos puertas, cubierta la mitad de carrizo, la cual mide 1275 pies superficiales sin incluir un cuarto que hay al lado de saliente y en línea trasversal con dicha casa por hallarse fuera del terreno de la Dignidad Prioral: Un cuarto llamado almacén de la pólvora de 692 pies superficiales, el cual se halla cubierto en estado ruinoso, teniendo una puerta, chimenea y 60 maderos de varias medidas”.

Existiendo otros tres cuartos anexos a este y un último denominado “depósito de la pólvora labrada, que solo existen sus cuatros murallas, el cual mide 1326 pies superficiales”. En el boletín de ventas también indicaba que la tierra la dividía el canal del Guadiana y que seguía su trayecto hasta llegar a la línea de ferrocarril que une Alcázar con Manzanares. En la parte del Jardinillo, y por el caz hacia delante, contaba con 1.087 árboles de álamos negros (Populus nigra) con alguno otro blanco (Populus alba) y además existían 1.440 plantas según el comisionado de ventas José Antonio Arcos, haciendo esta medición el 23 de agosto de 1864.

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Primera parte de la publicación «La industria del salitre y la pólvora en Alcázar de San Juan». Tesela nº 81, Patronato Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan. 2020.


Imagen de portada. Fábrica de salitres y pólvora de Alcázar de San Juan. En el ángulo superior derecho se distingue la fachada del complejo salitrero. Imagen tomada desde el antiguo ayuntamiento, actual avenida de Herencia. AHMASJ. Hacia 1920.
[1] AHMASJ. Protocolos Notariales de 1603. 4 de mayo de 1603. Caja 140, Doc. 1. Asiento de salitreros. En otros posteriores aparece el Sr. D. Juan Acuña Bela del Consejo de Guerra de su majestad y su capitán general de Artillería autorizando para que puedan hacer los asientos de salitre sin tener que trasladarse los salitreros a Valladolid, Ambrosio de Carrión veedor de la fábrica de salitres y Gaspar de Prado contador de dicha fábrica.
[2] En este trabajo se muestra claramente como la actividad aparece primero en casas particulares. La construcción de la instalación como tal no se hará hasta el siglo XVIII, aproximadamente.
[3] Asentista de pólvora, caballero de Santiago y tesorero del príncipe, nacido en Elizondo, representante de Iturralde (Asentista Navarro) en la Compañía de la Habana y muy relacionado con los marqueses de Murillo.
[4] Porras Arboledas, P. Fuero de Alcázar de San Juan. PMC. 2019. “En las primeras do et otorgo a todos los moradores de la villa de Alcáçar e a todos los que vernán en pos ellos Alcáçar con todos sus términos, aquesto es a saber, con montes e fuentes, ríos, salinas, venas de argent, venas de fierro e de qualquiere metal”.
[5] Cabe recordar la importancia que tenía la sal entre otras actividades económicas, para el ganado uno de los pilares económicos en aquella época.
[6] Ibídem.
[7] AGS. Instituciones del A. Régimen. CRC,694, 3.
[8] También estuvieron en manos de judíos conversos, como ejemplo el caso de Juan Díaz de San Ginés, oriundo de Alcázar de Consuegra (de San Juan), que actuó entre 1477 y 1478 como fiador «de mancomún» de los conversos Pedro de Villarreal y Alonso de Toledo, vecinos de Toledo, para el arrendamiento de las tres cuartas partes de las alcabalas y tercias de la Provincia de Castilla de la orden de Santiago, y ampliaba poco después sus negocios fiscales en el territorio neocastellano gracias al arrendamiento de las salinas de Atienza (1482-1483) y Espartinas (1482). Véase, Enrique Soria Mesa y Antonio J. Díaz Rodriguez, Los judeoconversos en el mundo ibérico. Universidad de Córdoba. 2019. Artículo de Pablo Ortego Rico, «…el qual non pueda dar poder a ningund converso vezino d’esta dicha çibdad para coger las dichas rentas». El papel de los judeoconversos de Castilla la Nueva en la gestión tributaria a fines de la Edad Media.
[9] AGS. Instituciones del A. Régimen. CCA,DIV,3,103.
[10] AGS. Instituciones del A. Régimen. RGS, LEG.148003, 146.
[11] Camuñas, C., Ballesteros, B. y Mejías, M.: “Lagunas Mesetarias de La Mancha: Funcionamiento hidrológico, cultura y medio ambiente”, Instituto Geológico y Minero de España, Madrid, 2018.
[12] Torremocha Silva, A.: “La técnica militar aplicada al cerco y defensa de ciudades a mediados del siglo XIV: (Un estudio de los capítulos CCLXVII al CCCXXXVII de la crónica de Alfonso XI que tratan sobre el cerco y conquista de Algeciras, 1342-1344)”, Estudios de Historia y de Arqueología Medievales, ISSN 0212-9515, Nº 7-8, págs. 239-252. 1987.
[13] Cerda y Rico, F.: “Crónica de Alfonso el onceno de este nombre. De los reyes que reinaron en Castilla y León”, Tomo I, Imprenta de don Antonio de Sancha, Madrid, 1787.
[14] Sánchez Gómez J. “Abastecimiento y desabastecimiento de pólvora en España en el siglo XVI” Studiahistorica. Historia moderna, ISSN 0213-2079, Nº3, 1985, págs. 55-62 12/2009; 3.
[15] AHMASJ. Protocolos notariales. Caja 154.
[16] AHMASJ. Cuentas Municipales. Libro de Cuentas de propios. 1569.Caja 36 Doc.4.
[17] Salve, M. S., Baquero, A., Gallego, J. A., Atienza, F. J. y otros: “Notas Históricas sobre Alcázar de San Juan y su Casino”, Patronato Municipal de Cultura de Alcázar de San Juan, 2010.
[18] Atienza Santiago, F. J.: “Diversidad molinera en el término municipal de Alcázar de San Juan: tenencia, localización, aprovechamiento e impacto social”, V Congreso Internacional de Molinología, Actas Bloque Dos, págs.261-267, 2005.
[19] AHMASJ. Colección facticia Fundación Mazuecos. Aunque hay un intento de instalar otro molino de pólvora en 1813 en plena ocupación francesa por el Duque de Dalmacia, cuyo representante el coronel de artillería César González.
[20] RAE. Legado de Rafael Rodríguez Moñino. RM CAJA 42-17. Batán de Cervera. 1817-1818.