Yeseras como arrumbados altares sin culto, encerradas e incrustadas en los frontispicios y repliegues de las laderas de los cerros; derroteros del destino de unos yeseros, como nacidos de la piedra, con su intención de sobrevivir, en un compromiso real de la vida, constelados entre grandes y peligrosas geoparedes de pedruscos…

Abajo en la hondonada del valle, trochas ribeteadas de labiadas, encinas, juncales y carrizales, como alfombras tendidas, que sugerían la creencia, de que solo los pisaban las ninfas… Carreros desfilando con sus carrucos por las trochas camineras de las yeseras… Carreteros broncos y ruidosos, con sus ademanes y palabras ásperas, paremias y “decires” sentenciosos: ¡Sooo!, -voceó el carrero cuando pasó por la perpendicular del carro de mi padre, desmadejando emociones con “rescoldo” inquieto- esto se está poniendo pa que no podamos vivir los pobres, los pobres siempre escatimando, arre que es tarde pa riba y pa bajo… Pero suelas y vino andan camino…

Que por una carga de leña de diez gavillas, le pagaron a mi vecino cinco reales y por dos quintales de yeso me han cobrao diez pesetas. Pero ya sabes el dicho: segar, o gavillar o guardar.

Las avecillas se bamboleaban en los penachos de los carrizales, cantando con revoloteos, a la creación oculta de la vida… En las choperas plantadas en la “hacienda” y “largas” fluviales, los jornaleros podadores, como equilibristas trepados en escaleras de palitroques, impulsaban con brío y maña las “medias lunas” o desjarretaderas, “guiando” los plantones…

Antigua yesera de Los Alanos

Antigua yesera de «Los Alanos» (1)

La yesera de Los Alanos

La yesera de “Los Alanos”, administrada por algunos miembros de la familia: Aurelio, Ramón, Vidal, Baldomero, Marca y Luis, vecinos de Ossa de Montiel, (apodados con aquel sobrenombre sármata) era la que más actividad y productividad registraba, mediada la década de los años cincuenta. Ramón, Aurelio (bonachones ellos…) y Baldomero eran quienes se encargaban del buen funcionamiento de la pequeña industria. Luis era empleado de la central hidroeléctrica de Miravetes (2).

Se hallaba radicada, la yesera, con autorización de Doña Enriqueta, dueña del terreno, en un Vallejo de la mojonera de las fincas La Moraleja y La Magdalena; a unos cuatrocientos metros del Real Sitio de La Magdalena, hacia el norte de la laguna Cenagosa. Aquella yesera tenía una consistente cantera y dos hornos, cociendo uno cada cuatro o cinco días; obteniéndose de cada hornada unos cuatro mil quilos de yeso, una vez molido. Su óptimo rendimiento se debía a la agotadora dedicación de sus propietarios y a que en la extracción de la piedra, realizada a mano, en parte, también se explosionaban barrenos de clorato, siendo Niceto Molina, también domiciliado en la misma población albaceteña, uno de los mejores barreneros…

Como los muchos, continuos y “gordos” cigarros que liaba y fumaba el “hermano Ciriaco”, peón de la yesera, constituían cierto incordio en el buen ritmo de la producción de yeso, alguien decidió mezclar con el tabaco de su petaca, material explosivo utilizado en los barrenos… Al poco de prender la “breva”, el “hermano Ciriaco”, y al no haber calculado, los chanceros, la porción del elemento explosivo, la deflagración fue un tanto impactante y el rostro del “hermano Ciriaco”, acabó chamuscado…

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Segunda parte del estudio histórico titulado «Cavilaciones en Ruidera: yeseras y yeseros del Alto Guadiana y recuerdos de la niñez».


Imagen de portada. JIMÉNEZ, S. Cantera de la antigua yesera de “Los Alanos”.
(1) JIMÉNEZ, S. Antigua yesera de “Los Alanos”. 2018.
(2) Dato proporcionado por don Rafael Mora Alcázar.