Recuerdo que la actitud de ilustrados absentistas y gerifaltes autóctonos indoctos, hacia aquella escacharrada pero destacada reliquia, (sucede aún con otras fábricas antiguas) era de total indiferencia… Los huertanos, por razones de necesidad, sudando hambre, entre murmullos de oraciones y juramentos, medio asfixiados por arcadas de nicotina y respiración de calenturas tercianas y cuartanas, en ciclos de sequía, zanjaron pozas en el cieno y abrieron estrechas regueras, por la cara interna de la pared, respetando la estructura (zona de la flecha y en su parte proximal a la “Casa del Cerro”) para regar “a cubos” y salvar sus escuetos cultivos de subsistencia.

En los angostos reguerones y en el cauce más amplio, ensanchado a finales del siglo XIX, al construir la central hidroeléctrica de “San Alberto”, los pescadores lugareños colocaban garlitos para capturar cangrejos y peces, principalmente bogas en temporada de freza.

Los chiquitajos los acechábamos y les quitábamos buenas sartas de peces, con las que fardábamos por la aldea de afamados pescadores. En aquellos bordes lacustres, los pescadores ocultaban los barquichuelos entre carrizales y mansiegares, y los trasmallos los solían orear extendidos en las paredes de la aceña. Era frecuente ver cruzar, de un margen a otro, por el lomazo de piedra, agachándose furtivamente, vadeando riachuelos y el “Río de Las Paranzas”, a estraperlistas, cazadores furtivos, esparteros, pescadores y gente que trataba de ocultar algo obtenido “de aquella manera…”, cuando los guardias de Alhambra paraban en las casas de los centralistas de la central de “San Alberto”. En el ámbito social, pululaba cierta y ya manida crónica, que uno de aquellos estraperlistas antañones; (descendiente de una saga de inmemoriales arrieros), solía contar: “cerca del camino había como un batán o molino chico-se aprecian restos en la perpendicular de la “Casa del Cerro”- y un molino harinero grande y provechoso entre la dos lagunas, al que se entraba y salía a la cosa de la molienda, con animales por una pedriza y monturas y tirantes de madera que hacían de puentes; el molinero era un sablista y un rata y el amo un caballero Licenciado, de Villanueva de los Infantes… Y un arriero de mi familia y que portaba en el pico de un capote un pliego en el que se podía leer que el agua viene al encuentro del molino y los soles que alumbran los molinos, son soles paníficos, que doran el pan de los evangelios…”.

El pescador nativo, ya dicho, “Justo el de La Amalia”, nos participó un día que: “ un mes de febrero, de madrugada, aprovechando la freza de las bogas en la desembocadura del “Río de las Paranzas”, de pronto escuché hundirse piedras del molino de Las Paranzas y asomó un turbión de agua y nos volcó el barco medio de bogas y barbos y perdimos hasta los trasmallos y Valentín y yo tuvimos que salir nadando hasta la orilla, en la que años antes apareció el médico muerto…”.

El Molino del Bachiller Muñoz en las Relaciones Topográficas de Felipe II

Finalizaba el año mil quinientos setenta y cinco, (transcurridos treinta años del famoso desbordamiento del Alto Guadiana) cuando en la villa de Alhambra regidores “perpetuos” y oficiales del Concejo revisaban y reconocían la Real Cédula, en la que constaban instrucciones de Su Majestad, para proceder a la relación, descripción e historia de los pueblos de estos reinos, para lo que designaron a los vecinos del lugar: Pero Antón de Salazar, Domingo de Mezquita y Francisco Mateos, perfectos conocedores del territorio. Siete días más tarde, se procedía a la elaboración de la Relación Historico-Geográfica; dando fe y haciendo constar el Escribano:

«A los veinte y dos capítulos, en el dicho río Guadiana hay los molinos siguientes: en el dicho Heredamiento de Ruidera, que es de Hacienda de Su Majestad hay cuatro casas de molinos harineros y en cada uno de ellos cuatro piedras y bajo los dichos molinos hay tres batanes y a la parte de arriba de los molinos y batanes, desviado hacia el poniente hay una casa de Su Majestad, en la cual hay una torre antigua medio caída que alinda la dicha casa con una laguna del dicho río (1) (…)

y a la parte de arriba del dicho Heredamiento esta una casa de molino del bachiller Muñoz, vecino de la villa de Villanueva de los Infantes que tiene tres piedras y está al otro cabo de arriba de la dicha laguna y habrá de distancia de él a la casa del dicho Heredamiento todo lo que la dicha laguna que será como dos tiros de arcabuz y que a su parecer podrá valer de renta el dicho molino del dicho bachiller trescientas fanegas de trigo cada un año y a la parte de debajo de dicho Heredamiento de Ruidera está una casa de molino de cuatro piedras que dicen que vale la renta cada un año seiscientas fanegas de trigo y es de Juan Pérez Cañuto, vecino de la dicha villa de Villanueva de los Infantes» (2)

Los últimos molinos maquileros

Avanzaba el año 1961 y el Patrimonio Forestal del Estado, entidad de Derecho Público, dependiente del Ministerio de Agricultura, cuya finalidad era preservar y restituir el medio forestal, pacta con varios latifundistas la repoblación con coníferas, zonas de sus propiedades, desde cumbres para abajo, hasta el fondo del valle del Alto Guadiana, mediante un régimen de convenio, en base al cual los propietarios, cuando la reforestación diera sus frutos, percibirían  el 40% de los beneficios y el Instituto para la Conservación de la Naturaleza el 60%. Los hortelanos lugareños acababan de preparar los tablares en la faja de vega o “geosomeral”, cuando ingenieros del Patrimonio Forestal, apadrinados por dueños (entonces) de muchos tramos del río, (¡Río de muchos miasmas siempre!) le echaban el ojo al sitio para instalar el vivero conífero-botánico… La comparsa de principales trató a los labriegos con poco aprecio y sobrada altanería… Alguna exclamación de un indígena, mientras desmigajaba unas eflorescencias salinas: “¡cuántos embelecos traen estos, con lo salitrosa que es esta vega…!” La conformidad fue la mejor decisión y virtud de aquel “linaje” de  horticultores de azadón, hoz, pala y azada, ante el leonino desalojo, de sus surcos, que solo ambicionaban seguir subsistiendo… Para sofocar rescoldos, suavizar ademanes y silenciar blasfemias y maldiciones, muchos huertanos fueron contratados con su batería de aperos, para excavar “fajas” y plantar brotes pineros en las laderas de cerros, de luz a luz; todo en plan negro y negrero, siendo el pagador “El Forestal”, que sacaba el parné directamente de su portamonedas o portapliegos.

No conocemos ninguna fuente a través de la cual podamos conocer el número de “Fábricas Molino” y molinos en régimen de fábrica, en la Península Ibérica, más allá del siglo XIX. De los 1924, molinos registrados, mediado el siglo XX, en régimen de fábrica,  según Arturo Camilleri, 433, se instalaron antes de 1914; entre aquel año y 1936, 890; entre 1936 y 1943, 128, y desde aquella fecha hasta 1956, 148; quedando 325, sin catalogar. A finales de 1956, 213 instalaciones de la molienda molinera  pararon, prácticamente, su maquinaria. En 1963, pese a las medidas restrictivas, al final se autorizaba la modernización de molinos maquileros, que agonizaban; extinguiéndose al poco tiempo dada su obsolescencia. Sobre las antiguas instalaciones se impondrían las modernas fábricas, dotadas de nuevas tecnologías.

Los últimos molinos maquileros, en molturar trigo, centeno, maíz y algo de guijas, en la cuenca del Alto Guadiana fueron: el “Molino del Tobar”, (derrumbado en los años noventa) en el término municipal de Ossa de Montiel, próximo al Castillo de Rochafrida; el de “San Pedro”, (también arrumbado en los años ochenta) en el paraje de la Cueva de Montesinos y el “Molino de la Hermana Antoñica” o del “Niño Jesús”, hoy cercano a la cola del Pantano de Peñarroya, en el municipio de Ruidera

Finalizada la contienda interior española, “los años del hambre” estuvieron marcados por sobrecogedoras situaciones de escasez de productos alimenticios, entre ellos cereales panificables y harinas, lo que conllevaría un severo racionamiento, con la consiguiente distribución de “cartillas de la ración” a las personas más necesitadas.

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Segunda parte del estudio histórico titulado «Molinos… el molino del Bachiller Muñoz en el Alto Guadiana y recuerdos de la niñez».


Imagen de portada. JIMÉNEZ, S. Los huertanos, por razones de necesidad, sudando hambre, entre murmullos de oraciones y juramentos, medio asfixiados por arcadas de nicotina y respiración de calenturas tercianas y cuartanas, en ciclos de sequía, zanjaron pozas en el cieno y abrieron estrechas regueras, por la cara interna de la pared, respetando la estructura (zona de la flecha y en su parte proximal a la “Casa del Cerro”) para regar “a cubos” y salvar sus escuetos cultivos de subsistencia.
(1) Imprescindible es apostillar que la Casa de Su Majestad, que se dice alinda con una laguna, en absoluto guarda relación alguna con los “Pabellones del Rey” o “Casa del Rey” actual.
(2) Relaciones Topográficas del Felipe II. 1575. Respuestas de la villa de Alhambra.