Los años 40 del siglo pasado fueron tiempos muy duros en toda España. Ruidera, aldea perdida en la vega alta del Guadiana a los pies de las Lagunas de Ruidera luchaba por pasar página de años de penurias y sufrimientos.

Laguna Blanca

Avanzaba el frío invierno ribereño cuando un sonido mecánico sorprendió a los vecinos de Ruidera, recogidos en sus hogares después de otra dura jornada de trabajo. Los relojes marcarían las doce de la noche cuando un automóvil se detuvo junto a la plaza de la aldea. No era habitual en aquellos tiempos ver circular por el valle del Alto Guadiana estos modernos ingenios a motor, y menos aún en plena noche a una hora tan tardía.

Se apeó un caballero elegantemente vestido con un maletín en su mano. Inmediatamente partió el coche con rumbo desconocido y el recién llegado sintió por primera vez la soledad de la noche manchega.

La penumbra apenas dejaba atisbar unas calles desiertas sin poder distinguir algún alma que mitigará el desamparo del que comenzaba a ser presa el forastero.

Un auto llegó a la aldea (1)

Tímidamente se acercó a una de las casas de la calle principal y llamó a su puerta. No era fácil decidir si contestar a la llamada del desconocido o continuar protegido por la seguridad del silencio hogareño. Tal vez aguijoneada por la curiosidad y envalentonada por el noble porte del viajero, una ruidereña madre de varios hijos rasgó el silencio de la noche con sus palabras:

– ¿Qué desea? – preguntó secamente.
– Señora, por favor ¿me podría indicar por dónde se va a «Laguna Blanca»? – replicó el forastero.

Todo morador de las lagunas comprendería fácilmente el estupor que sintió  la buena mujer ante semejante pregunta. La noche cerrada, el frío del invierno meseteño, los tiempos revueltos y un destino, Laguna Blanca, a casi veinte kilómetros de la aldea no convertían aquel momento en el más idóneo para hacer preguntas incómodas.

– Siga recto hasta cruzar la laguna. Luego tuerza a la izquierda y coja el camino que corre junto a las lagunas – espetó desde el interior de la casa.
– Muchas gracias señora – fueron sus últimas palabras.

El hombre elegante y su maletín desaparecieron calle arriba bajo las sombras de la Casa Grande mientras, detrás de portillos y ventanas, ojos llenos de perplejidad seguían su figura hasta que desapareció camino de poniente. Poco a poco las luces que se habían despertado al abrigo de tal inusual acontecimiento fueron apagándose lentamente y la noche en el Alto Guadiana siguió su curso.

Vista general de Ruidera en 1930

Vista general de Ruidera en 1930 (2)

Al día siguiente no hubo otro tema de conversación en toda la zona. Su maletín, gentil indumentaria y el moderno automóvil en el que arribó el extraño viajero extendieron la creencia de que se trataba de un médico llegado desde la lejana Madrid. Incluso algún operario de la cercana Central Hidroeléctrica de San Alberto comentó que también se detuvo en las casas de los operarios preguntando por su destino.

Los chuchas

Y precisamente el destino, «Laguna Blanca», fue la causa de la enorme perplejidad y estupor que causó el acontecimiento entre todos los lugareños. Era bien conocido por todos que las sierras que rodeaban a la Laguna Blanca eran territorio frecuentado por los Chuchas, partida de maquis manchegos formada tras la guerra civil española por Pedro Parra apodado «Chuchas» de La Solana, José Jiménez «el Beate» de Membrilla e Higiniop «el Chuco» de Daimiel. A ellos se les unieron otros conocidos como «el Curilla», los hermanos Piñones y Cañadas.

Se movían por la parte oriental de la provincia de Ciudad Real, entre la sierra de Alhambra y los términos de Daimiel, La Solana, Membrilla y Alhambra. Ante el acoso sufrido en la sierra de Alhambra en el verano de 1941, la partida se desplazó a la zona de Argamasilla de Alba y Tomelloso. A finales de año, tras un enfrentamiento con la guardia civil en la casa del médico de Membrilla se marcharon a la zona de las Lagunas de Ruidera, donde lograron sobrevivir algún tiempo.

Nunca más volvieron a ver a aquel viajero de noble porte, por lo menos vivo.

Entre los ruidereños se empezó a correr la voz de que se trataba de un médico venido de Madrid para asistir a algún chucha herido en una de las numerosas escaramuzas mantenidas con guardas o agentes del orden de la época.

La Casa del Cerro en 1888 (3)

«Siguiente»

Primera parte del relato histórico titulado «Asesinato en la Casa del Cerro».

Mi más sincero agradecimiento a todos los ruidereños que con sus palabras han hecho posible rescatar este episodio del pasado.
(1) JIMÉNEZ, S. Archivo fotográfico de Ruidera.
(2)  Vista general de Ruidera. DOTOR, A. Enciclopedia Gráfica La Mancha y el Quijote. 1930. Centro de Estudios de Castilla La Mancha (UCLM).
(3) Detalle de un mapa del término de Alhambra del año 1888. MTN50 1888 CC-BY 4.0 Instituto Geográfico Nacional.