La construcción de la nueva iglesia de Santa María Magdalena

La buena situación económica que vivía la villa se reflejará poco a poco en la mejora de su iglesia que seguía siendo muy antigua y tosca, y que a pesar del escaso crecimiento de la villa, se estaba quedando pequeña. En la primera década del siglo XVI, se harán algunas mejoras en el mobiliario, dando cuenta el mayordomo en 1507 de un gasto de 6.185 maravedíes “que dio a quien puso el retablo”, pero en la estructura del edificio no se había actuado (20).

El momento que marcó el inicio de la construcción de un nuevo edificio, tuvo lugar en 1511, cuando el mayordomo Juan Sánchez, presentó unos ingresos de 16.586 maravedíes y unos gastos de 2.958, por hacer unas reparaciones en las casas de la iglesia y en los gastos corrientes de cera, aceite “e otras cosas por menudo”, quedando un sobrante de 13.628 maravedíes, observando los visitadores que los alcances pasaban de unos mayordomos a otros y no se cobraban nunca, mientras que la iglesia necesitaba una reforma urgente.

El 4 de agosto de 1511, los visitadores Alonso Fernández Diosdado y Pedro González Mérida, ordenaron el cobro del alcance de la iglesia, para lo cual Bartolomé Blázquez y Aparicio Arenas cogieron 200 ovejas del anterior mayordomo Juan Sánchez, entregándolas a un depositario (Pascual Sánchez Tomás), encargándose los alcaldes del concejo, de venderlas en almoneda (subasta pública), para obtener los 13.628 maravedíes correspondientes al alcance del anterior mayordomo. Con el dinero recaudado “mandamos al depositario que luego haga venir un maestro que haga una buena capilla a las espaldas de donde agora esta el altar mayor en la dicha iglesia de cal y canto que tenga veynte e cinco o treinta pies de hueco e que suba en alto lo que convenga a vista de maestros e que se faga desde los firmes, los cimientos del grosor necesario”.

Como el dinero que poseían no era suficiente para una obra de esta envergadura, se dispuso la venta en almoneda de las casas, viñas y tierras de la iglesia, al considerar que ocasionaban más gastos que ingresos, y que todos los bienes que se obtengan de aquí en adelante se dediquen a la obra, para la que los alcaldes y regidores del Concejo deben aportar los peones, las bestias y otras cosas que sean necesarias “segund son obligados”, estando igualmente obligados a ello los oficiales que fueran nombrados en los años venideros (21).

Cuatro años más tarde, las obras habían avanzado y en la iglesia se ha “fecho la mitad de ella de cal e canto sobre dos arcos traviesos de canteria todo lo que esta fecho nuevamente esta muy bien obrado cubierto de madera de pino de vigas gruesas con su alfar… e saetino e la otra mitad de la dicha iglesia es una obra muy antigua vieja, tiene dos puertas pequeñas con sus cerraduras e llaves e una tribuna vieja” (22). Como podemos ver en esta descripción, se han cumplido los mandatos de los visitadores, ampliando la iglesia desde su cabecera, duplicando su espacio, mientras que en la zona de los pies se mantiene la construcción antigua, aunque se indica que el pueblo tiene la voluntad de “conseguir derribar segund la llevan començada e acabada”, de forma que al concluir la nueva obra se actuaría sobre la parte antigua, realizando una iglesia nueva en su totalidad.

Los gastos eran altos y en las cuentas del mayordomo Andrés López, se puede observar que superan a los ingresos, teniendo un alcance a finales de 1514 de 2.053 y ½ maravedíes, a los que se sumará el dezmero excusado de dicho año (15 fanegas de cebada, 14 de trigo y 16 y ½ de centeno, 19 arrobas de vino, 2 borregos, 5 vellocinos de lana, 2 pollos y algunos membrillos), vendido por 4.998 maravedíes, ciertos bienes que se mandaron de Villanueva de la Fuente para la iglesia y los ingresos de las sepulturas, el bacín, las penitencias y una viña que donó Pascual Sánchez,
sumando todo 13.236 maravedíes. Lo que no se había hecho era vender los bienes de la iglesia, ya que temían quedarse sin posesiones, aunque sí se enajenarán las nuevas tierras que se donen, como hemos visto con la viña de Pascual Sánchez, e incluso una custodia y un cáliz tuvieron que ser vendidos, con licencia del vicario de Montiel, ante la imperante necesidad de fondos para la obra.

Iglesia de Santa María Magdalena de Ossa de Montiel en los años 40-50 del siglo XX.

Santa María Magdalena, años 40

Entre el dinero gastado, se encontraba el pago al maestro que realizó la techumbre de la nueva obra, el carpintero Juan Cobo, al que se entregaron seis mil maravedíes, más lo gastado en hacer un sagrario y en comprar unos hierros para las hostias y un incensario, que junto con los gastos corrientes sumarán 14.827 maravedíes, lo que supuso un déficit de 1.591 maravedíes, subsanado en parte, al haber recibido el dezmero excusado de 1515, que correspondió a la casa de Juan Martínez (26 fanegas de cebada, 7 de centeno, dos corderos, 5 vellocinos de lana, una libra de cera y un alumbre de miel).

Los visitadores nombrarán como nuevo mayordomo a Juan Martínez, al que ordenaron que vendiera los frutos del excusado y con el dinero obtenido realizara las siguientes reformas: ensanchar el sagrario de manera que la caja de madera donde está el Santo Sacramento pueda entrar en él sin problema, solar de yeso toda la obra nueva que se encuentra cubierta, enlucir las paredes, hacer un altar a cada lado del altar mayor con sus gradas, y construir junto a las paredes unos poyos huecos, para que no ocupen las sepulturas.

Los visitadores se dan cuenta de que con los ingresos que tiene la iglesia, no puede llevar a cabo toda la obra, por lo que deciden que como “la yglesia tiene mucha necesidad de se acabar”, el Concejo de la villa, desde el año 1516 en adelante, entregue cada año para el gasto de las obras, la tercera parte de todos “los maravedíes que rentare el almoneda e dineros de la feria que en la dicha villa se hase cada año el dia de Sant Martin”, para que el mayordomo los gaste en labrar la obra que está comenzada. Ello se haría así hasta que esté acabada la iglesia, incluido un campanario “al cabo della”. De esta forma, los visitadores aseguraron un nuevo ingreso con el que mejorar la situación financiera de la iglesia mientras duraran las obras, evitando la toma de decisiones extremas, como la llevada a cabo por el Concejo, que había quitado tejas al hospital para utilizarlas en la iglesia, ordenando que las devuelvan y reparen el hospital, que también cubre un importante servicio en la villa (23).

En mayo de 1526, cuando se haga una nueva visita, las obras estaban muy avanzadas, indicándose que está “nuevamente fecha de una nave sobre sus arcos atravesados de buena madera e enlucida la mitad e tiene su altar muy limpiamente y en el un retablito con su sagrario para el Sacramento”. El mayordomo era Andrés López, que había relevado en mayo de 1523 a Francisco Sánchez, el cual le había entregado 2.213 maravedíes, obteniendo desde entonces, 1.500 maravedíes por la apertura de sepulturas, 2.242 de las limosnas del bacín y 13.869 de los dezmeros excusados de 1523, 1524 y 7 fanegas de centeno del de 1525, lo que hacía un total de 19.524 maravedíes, a los que había que sumar 16 fanegas de trigo, cuatro y media de cebada y 15 arrobas de vino del dezmero de 1525, que todavía no habían podido vender.

Con este dinero había pagado al carpintero Antón de Mesas, el último plazo por haber realizado la cubierta de la segunda parte de la obra nueva, que junto con otros gastos corrientes de cera, aceite, incienso, jabón, lavar la ropa y el salario de la candelera, habían alcanzado los 12.444 maravedíes.

Los visitadores López Zapata y Pedro González, le indicaron al mayordomo que tenía que construir el campanario de la iglesia, pues las campanas estaban en el suelo sobre maderas, y que lo haga sobre el hastial de la puerta de la iglesia: “el hastial de los pies que es grueso e bueno para ello e que el pueblo ponga los peones e trayga los pertrechos de la obra e haga la cal e el mayordomo pague los maestros que lo hagan de aquí a San Juan del año venidero de 1527”. En este caso, se vuelve a recurrir al anterior sistema de construcción, por el cual la iglesia pagaba el sueldo de los maestros de la obra, mientras que el Concejo y el pueblo se encargaban de aportar la mano de obra no cualificada y los materiales necesarios, dándoles algo más de un año para realizar el campanario, que se hará con forma de espadaña sobre el muro de la puerta de la iglesia. Para financiar su construcción, se vendió una casa de la iglesia, que no se encontraba en muy buen estado, realizándose por el sistema de almoneda para conseguir el mejor precio posible, con la obligación de gastarlo en la iglesia, y además se recomienda al mayordomo que venda el trigo de la iglesia cuando “mas valiere” porque en ese momento su precio es de siete reales y medio, y la tendencia es de que “valga mas”. Para finalizar se indicó que era necesario terminar de enlucir la iglesia, en este caso la parte construida últimamente en la zona vieja, pagándose los gastos de la misma manera que se había mandado para el campanario (24).

El 15 de febrero de 1530, Aparicio de Arenas es el nuevo mayordomo y tiene el encargo de construir un coro nuevo, pagando cinco mil maravedíes por la mano de obra y otros 1.326 por la madera y su transporte hasta la villa. También se había comprado un órgano, contando la iglesia con un organista al que se le pagaba un salario de 2.000 maravedíes anuales.

Cuando en febrero de 1536 los visitadores vuelvan a la localidad, la iglesia se encuentra prácticamente terminada, indicándose que es de una nave sobre tres arcos de cantería, cubierta de madera de pino y al cabo de ella tiene una tribuna de la misma madera bien labrada. Sin embargo, todavía quedan algunos detalles, que son encargados al nuevo mayordomo Juan Martínez Texedor, al cual dan unos plazos para que finalice la obra (25).

Primero le encargan que remate la construcción del techo, utilizando toda la teja necesaria para que el tejado quede bien reparado, haciéndole un caballete y tomando los aleros con cal y arena, concluyendo antes de marzo del año siguiente. Después se manda que enluzca la iglesia, “segund e como van las dos naves que tiene fechas”, utilizando en este caso el término “nave”, para cada una de las partes del cuerpo de la iglesia, y que haga arreglar el poyo que está dentro del coro. Por último, se debe echar un suelo de yeso y realizar un padrón de las sepulturas, y que las haga solar “e las faga iguales sin fazer mejoras de unas a otras”, debiendo tener cada una de ellas, dos varas de ancho por dos y tercia de largo, haciendo repartimiento de lo que cada uno tiene que pagar, cuando se acaben de solar. A partir de este momento, cuando se abra una sepultura tienen que solarla en el plazo de 15 días o bien dar 20 maravedíes al mayordomo para que la haga pavimentar (26).

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Tercera parte del estudio histórico titulado «Estudio histórico-artístico de la iglesia de Santa María Magdalena de Ossa de Montiel» realizado por Concepción Moya García y Carlos Fernández-Pacheco Sánchez-Gil.


(20) AHN. Sección Órdenes Militares. Santiago. Libro 1071C, visita de 1507, pp. 421 y 422.
(21) AHN. Sección Órdenes Militares. Santiago. Libro 1077C, visita de 1511, pp. 25-28.
(22) AHN. Sección Órdenes Militares. Santiago. Libro 1078C, visita de 1515, pág. 16.
(23) AHN. Sección Órdenes Militares. Santiago. Libro 1078C, visita de 1515, pp. 22-29.
(24) AHN. Sección Órdenes Militares. Santiago. Libro 1080C, visita de 1526, pp. 993-995.
(25) AHN. Sección Órdenes Militares. Santiago. Libro 1082C, visita de 1536, pp. 374 y 378.
(26) AHN. Sección Órdenes Militares. Santiago. Libro 1082C, visita de 1536, pp. 378-382.