Comienzos del siglo XX

En el año 1916 Ezequiel Naranjo trazó un plano topográfico de la cabecera de las Lagunas de Ruidera para el ordenamiento de zonas de regadío del río Alto Guadiana, donde aparece nítidamente dibujada una laguna nombrada como «Taza».

Observando detenidamente el mapa descubrimos numerosos detalles que nos ayudan a comprender la dureza del camino del ″charcón que quiso ser laguna″ durante el siglo XX

La Laguna Taza en el mapa Naranjo de 1916

La Taza en 1916 (1)

La Taza aparece representada como una lámina de agua perfectamente definida, pero de unas dimensiones mucho más reducidas que en el mapa de Echegaray realizado a finales del siglo XIX. Recibe los derrames de la laguna San Pedro a través de un estrecho cauce pero, antes de llegar a su vaso, otro caz desvía las aguas directamente hacia el molino situado en la barrera de la laguna Redondilla. El antiguo molino de Iniesta, nominado como “Casa Yniesta” en el mapa,  se muestra aparentemente sin canal de alimentación, tal vez debido a no estar en funcionamiento en aquella época. Un nuevo elemento aparece por primera vez cartografiado: la compuerta y el canal de derivación de la central hidroeléctrica de Santa Elena, construidos en el amanecer del siglo XX.

Intrusismo industrial en el medio fluviolacustre

La presencia del molino de Iniesta supuso una de las primeras y más graves incidencias acaecidas en este tramo del medio fluviolacustre ruidereño. El molino, denominado de Sixto Hiniesta, ya es citado en el Catastro de la Ensenada de 1752 y en el informe del arquitecto Juan de Villanueva de 1781. Su emplazamiento se situaba entre el cierre de la laguna San Pedro y la cola de la laguna Taza. La toma de aguas fue excavada a modo de profunda entalladura en el seno tobáceo de los derrames de la laguna San Pedro. Tan notables debieron ser las dimensiones de esta excavación que los niveles de agua no volvieron a inundar más sus bordes lacustres. De este modo, el techo de sus replanos empezaron a ser colonizados por las encinas y sabinas que, hoy aparecen con gran porte y notable edad en la margen izquierda de la laguna (2).

Sin embargo las intensas lluvias y abundancia de nieves registradas a mediados de los años 20 motivaron caudales muy altos en todo el valle del Alto Guadiana, responsables de una extraordinaria y persistente crecida que se prolongó hasta febrero de 1927. La imagen de una postal de este período, que sigue a continuación, nos muestra el tramo del valle con un nivel hídrico como pocas veces ha sido fotografiado. La laguna Redondilla vierte sus aguas en la Lengua por encima de la barrera tobácea que las separa en un conjunto de cascadas sobredimensionadas. Lo realmente interesante al tema que nos ocupa es la mancha blanca delgada y alargada en la parte superior derecha de la imagen. Es la lámina de agua de una laguna Taza rebosante que derrama sus aguas en la Redondilla.

Disfrutemos de la imagen, a partir de ahora será extremadamente difícil volver a ver las lagunas con estas condiciones hídricas

Lengua, Redondilla y Taza rebosantes

Lengua, Redondilla y Taza rebosantes, años 20

La central hidroeléctrica de Santa Elena fue construida durante la primera década del siglo pasado en la vertiente derecha de la barrera tobácea que separa las lagunas Batana y Colgada. Cuando entró en funcionamiento el 29 de noviembre de 1909 tenía concedido un caudal de 1.500 litros por segundo, que fue aumentado en 1920 a 3.000 litros por segundo. Su toma de aguas estaba situada en la laguna San Pedro y desde allí, un prolongado canal de derivación de 3,775 kilómetros de longitud llevaba las aguas por la vertiente derecha de las lagunas hasta la cámara de carga ubicada encima de la central. El canal tenía capacidad para que por él discurriesen 4.000 litros por segundo, esto es 1.000 litros por segundo más que el caudal máximo concedido.

La desviación de las aguas de su cauce natural impuso una nueva norma ecológica en cinco lagunas: Redondilla, Lengua, Salvadora, Santos Morcillo y Batana, cambiando por completo la dinámica hidrogeológica de ese tramo del valle, a pesar de que el volumen de los aportes subterráneos y superficiales era enormemente superior al actual, aunque se desconoce el coeficiente de almacenamiento por no haber mapas batimétricos. Se sabe que entonces sólo era necesario que la central dejase de funcionar algún domingo para que las cascadas no se extinguieran. Como curiosidad, cuando se secó la laguna Redondilla por primera vez después de poner la central hidroeléctrica en funcionamiento, vecinos de Ossa de Montiel llenaron dos carros de bogas y barbos (2).

Aparte de las cinco lagunas nombradas, posiblemente la masa hídrica más afectada por el establecimiento de la toma de aguas de la central hidroeléctrica fue la Taza, situada a continuación de aquella. Los 3.000 litros por segundo detraídos de la laguna San Pedro, cuando la central funcionaba a pleno rendimiento, ya no regaban el tramo fluvio lacustre donde las lagunas Taza y Redondilla habían cohabitado en total armonía hídrica desde tiempos inmemoriales, llegando a formar en períodos de fuertes lluvias un aguazal repleto de vegetación palustre que unía sus vasos de manera casi ininterrumpida.

Fotografía aérea de mitad del siglo XX

A mediados del siglo XX la fotografía aérea nos permite disfrutar por primera vez de la lagunas desde el cielo. En las imágenes del vuelo fotogramétrico realizado en los años 1945-46 por el Army Map Service de EEUU, las lagunas Taza y Redondilla aparecen en tonos blanquecinos, signo manifiesto de la escasez de agua en sus vasos. Por el contrario, en las lagunas San Pedro y Lengua, situadas antes y después de aquellas, predominan los tonos oscuros; clara evidencia de que el tramo del valle situado entre ambas presenta fuertes carencias hídricas. El canal de derivación de la central hidroeléctrica de Santa Elena serpentea por las laderas de los montes de la ribera derecha.

La Taza en 1945 (3)

Una década después, en los años 1956-57 un segundo vuelo fotogramétrico realizado de nuevo por el Army Map Service de EEUU muestra imágenes mucho más nítidas que el realizado diez años antes.

La imagen siguiente nos revela con detalle el estado del tramo fluvio lacustre situado entre las lagunas San Pedro y Lengua a mediados del siglo pasado. Los colores claros del antiguo aguazal de la Taza y la agónica mancha oscura en el centro del vaso de la Redondilla nos siguen mostrando un tramo del valle con fuertes carencias hídricas. No existe comunicación aérea entre las aguas de las lagunas San Pedro y Lengua, cuyas aguas se encuentran lejanas de la barrera que la separa con la Redondilla. El vaso de la Taza está completamente seco y el de la Redondilla presenta un pequeño resto de agua en su parte central de mayor profundidad.

En el extremo inferior de la imagen, poco después del cierre de la laguna San Pedro, un caz de agua se desvía hacia la derecha llevando las aguas directamente hacia el molino de Iniesta sin pasar por la Taza. El río sigue adelante hasta dividirse en dos cauces, y más adelante un tercero que los comunica, hasta llegar a la laguna Redondilla y al molino Nuevo en la represa de la laguna Lengua.

La Taza en 1955 (4)

Los caces que avanzan hacia la Taza se muestran excavados profundamente en el suelo tobáceo como ríos encajetados y dirigidos artificialmente por el hombre para utilizar su brío y empuje

Los distintos tonos de las tierras adyacentes delatan una nueva intrusión del hombre en el medio natural ruidereño: su explotación como huertas o tierras de cultivo. El otrora aguazal pantanoso ha sido objeto de un proceso de desecación y utilización de sus fértiles tierras para usos agrícolas. Los antiguos derrames de la Sanpedra que fluían libres por todo el ancho del valle entre juncos y carrizos ahora corren encajetados por canales dirigidos por el hombre. Y el canal de la central de Santa Elena, que corre paralelo al camino de Ruidera, sigue desangrando a la Sanpedra…

Degradación del medio en la segunda mitad del siglo XX

Cuando paró sus máquinas definitivamente la central de Santa Elena en los años 70, su canal de derivación dejó de robar a la Taza las aguas de la San Pedro. Aunque este hecho podría presagiar mejores tiempos para las lagunas situadas por debajo de la toma de aguas, llegó un nueva intrusión antrópica no conocida por estas tierras: el turismo. En las riberas de las lagunas San Pedro y Redondilla florecieron chalés y establecimientos hosteleros, y alrededor de la Taza se construyó un camping quedando la laguna y sus derrames en su seno.

En breve, el turismo en masa descubrirá el oasis de La Mancha y el medio fluvio lacustre ruidereño sufrirá una nueva agresión no conocida hasta entonces

Pero nuestra amiga siguió en su empeño de ser considerada laguna, y así lo refleja un estado de las Lagunas de Ruidera, realizado después de quedar inactiva la última central hidroeléctrica, fechado en 1 de marzo de 1976. Según dicho documento la Taza es una de las 17 lagunas que componen el parque, tiene una superficie de 0,67 Ha. y se encuentra sembrada de chopos (5).

La imagen siguiente es muy ilustrativa del estado en que se encontraba la Taza a principios de los años 80 del siglo pasado. Se puede admirar la aparente virginidad que presentaba la barrera tobácea que separa las lagunas Redondilla y Lengua y el tramo del valle por el que discurrían los derrames de la Taza.

Lengua, Redondilla y Taza en los 80 (6)

Observamos como la sobre-explotación del medio sobrevenida en la segunda mitad del siglo XX, derivada en gran medida de la transformación de la agricultura campomontieleña hacia cultivos y explotaciones de regadío, ha intensificado el proceso de aridificación del valle del Alto Guadiana, causando una desecación progresiva del tramo donde se encuentra la laguna Taza, que no es sólo debida a factores climáticos sino también a intervenciones antrópicas.

La represa tobácea únicamente está mancillada por un camino que comunica ambas riberas, una hilera de hitos que marcan la división entre fincas colindantes y el canal que conduce las aguas hacia el antiguo molino conocido como el Nuevo. Al fondo la laguna Taza rodeada de una plantación de chopos, no plantados por la madre naturaleza sino con fines de explotación forestal. Entre ella y la Redondilla la tierra tobácea nos hace ver un tramo del valle bastante desecado pero libre de intrusismos humanos, que permite sin oposición los derrames de la Taza en su hermana mayor. En el extremo superior izquierdo comienzan a aparecer casas de recreo de reciente construcción.

La Taza a finales del siglo XX

La Taza a finales del siglo XX

El 13 de noviembre de 1979 se declara Parque Natural el antiguo sitio natural de interés nacional de Las Lagunas de Ruidera y alrededores. La Taza progresivamente “vuelve a perder” su condición de laguna. En toda la información, planos y guías del parque, siempre se cita que las lagunas que componen el parque son quince y entre ellas no se cita a nuestra amiga.

La Taza vive (en el siglo XXI quiero seguir siendo laguna)

En la actualidad es frecuente leer en la red, e incluso en diversos artículos y publicaciones, menciones a la Taza como una antigua laguna del parque que fue desecada y ya no existe como tal.

Pero la Taza, en la primavera de 2018, ha vuelto a contestar a todos los que la daban por muerta recibiendo de nuevo, como hizo desde tiempo inmemorial, las aguas de la San Pedro para derramarlas en la Redondilla

La Laguna Taza sigue viva en el siglo XXI. En el momento de escribir estas líneas, fruto del espectacular aumento del nivel hídrico que experimentó todo el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera en la primavera del 2018 continúa abierta la comunicación aérea de las aguas del Alto Guadiana entre las lagunas San Pedro, Taza, Redondilla y Lengua.

Acompáñanos en un viaje que comienza en la presa que cierra la laguna San Pedro, continúa por el río que alimenta a la Taza y termina en el vaso de la laguna Redondilla.

La Taza vierte en la Redondilla

La Taza vertiendo en la Redondilla en 2018

Y no podemos finalizar este recorrido por las visicitudes históricas del charcón que quiso ser laguna sin mencionar una noticia optimista de máxima actualidad. En la memoria del proceso de participación pública para la revisión del plan rector de uso y gestión del Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, elaborada por la Fundación Savia en octubre del 2018, la Taza vuelve a resurgir como “Ave Fénix” y es nominada como una de las 16 lagunas, más el  embalse de Peñarroya, que componen el parque natural.

«Anterior»

Segunda parte del estudio histórico titulado «La Taza, el charcón que quiso ser laguna»


(1) NARANJO, E. Ordenamiento de zonas de regadío. Río Alto Guadiana. 1916. Archivo General de la Administración. Ministerio de Cultura. Signatura Ca 18302.
(2) MARÍN, JC. El hombre y el agua de las Lagunas de Ruidera. 2007.
(3) Mosaicos de ortofotos generadas a partir del vuelo americano AMS-1945-46 (Serie A). OrtoPNOA-H 1945-46 CC-BY 4.0 Instituto Geográfico Nacional.
(4) Mosaicos de ortofotos generadas a partir del vuelo americano AMS-1956-57 (Serie B). OrtoPNOA-H 1956-57 CC-BY 4.0 Instituto Geográfico Nacional.
(5) JIMÉNEZ, S. Real Sitio de Ruidera. 2000.
(6) JIMÉNEZ, S. La barrera tobácea de la laguna Redondilla en los años 80 del siglo XX.