En el año 1918 don Julián Navarro García adquirió la central hidroeléctrica de Ruipérez, a través de la sociedad Centrales Eléctricas Navarro, S.A. (CENSA), beneficiaria igualmente de los aprovechamientos de El Ossero, Ruipérez, Miravetes y San Luis. La pequeña industria hidraúlica se mantuvo en servicio hasta el año 1976.

Una de las hijas de don Julián era religiosa y durante años, en los cálidos meses del estío manchego, acompañada por otras hermanas de su comunidad, disfrutaba de unos días de descanso, junto a su familia, en las Lagunas de Ruidera.

La ermita de Ruipérez

Las monjas se alojaban en la casa que la familia Navarro poseía en las cercanías de la central, a la vera del arroyo que mana de la fuente de la Telesfora. A corta distancia, donde comienza la cañada del mismo nombre, se levantó una pequeña ermita donde las monjas se recogían en oración y asistían amisa cuando algún sacerdote podía atenderlas.

En el verano del año 1980, recuerda un amigo haber asistido a misa en la antigua «ermita de Ruipérez». Estaba pasando una semana de campamentos en las Lagunas de Ruidera, con jóvenes de Alcázar de San Juan, Manzanares, La Solana y Madrid. La ermita estaba cerrada y sólo se abría en ocasiones especiales. Los monitores del campamento pidieron la llave y celebró un sacerdote francés. Como no hablaba español, ni los chavales francés, celebró la misa en latín.

El interior del pequeño templo era sumamente pobre, y tenía una pequeña sacristía a la que se accedía por unas escaleras. Un altar vacío y tres o cuatro bancos eran su único mobiliario. No contaba ni con los ornamentos necesarios para el culto, por lo que el sacerdote tuvo que traer el cáliz, el crucifijo y las vestimentas con las que celebró (1).

Antigua ermita de Ruipérez

Antigua ermita de Ruipérez

El verano también era tiempo de distracción para la comunidad y, todavía hoy, en el margen izquierdo de la laguna Tomilla existe una entrada libre de vegetación conocida por los lugareños como el «baño de las monjas», donde las religiosas disfrutaban de las aguas reparadoras del Alto Guadiana alejadas de las miradas de curiosos y transeúntes.

Si hay un lugar en las Lagunas de Ruidera cercano al cielo es la impresionante cruz de las Monjas, que goza de algunas de las vistas más espectaculares de todo el parque

La antigua y nueva cruz de las Monjas

En el margen derecho del desague de la laguna Tomilla, en cuya ladera se situaba el antiguo batán de Las Beatas, se alza un impresionante banco calizo que avanza hasta saludar a la laguna San Pedro. En su parte más elevada, a casi mil metros de altitud, se levanta una enorme cruz de manera que apunta al cielo desde sus más de cuatro metros de altura.

Cuentan los más venerables del lugar que don Julián, a mitad del siglo pasado, mandó levantar una cruz a los operarios de la central. Allí, en un lugar solitario, elevado y con una de las mejores vistas de todas las Lagunas de Ruidera, la comunidad religiosa se reunía, entregándose a la oración y a otras prácticas religiosas. Todavía hoy, aquel lugar es conocido como el «cerro de las Monjas». La cruz fue construida con madera de sabina sobre una base de cemento con tres alturas.

Antigua Cruz de las Monjas en los años 70 del siglo XX

Antigua cruz de las Monjas (2)

Tales son sus dimensiones y estratégica su ubicación, que puede divisarse desde el margen contrario del valle. Seguro que muchas mañanas, cuando las monjas se despertaban, desde las ventanas de las casas de Ruipérez, divisarían la esbelta silueta de la cruz bañada por las primeras luces del día.

Pero el paso del tiempo y las inclemencias meteorológicas deterioraron de tal manera los maderos de la cruz, que se hizo necesaria su sustitución. Aprovechando la misma base se colocó una nueva cruz, también de madera, de dimensiones algo más reducidas pero con los travesaños de mayor grosor.  Todavía hoy se yergue orgullosa, testimonio de los tiempos de esplendor de los parajes de Ruipérez y las Ringurrinas.

La cruz de las Monjas en la actualidad

Apuntando al cielo


(1) JIMÉNEZ, S. Lagunas de Ruidera. El río que pasa por mi pueblo. 1994.
(2) GARCÍA J.G. Recuerdos de un campamento del año 1980.