Desde sus orígenes, el hombre ha buscado conocer y adorar a su creador. Compartió su vida con otros hombres formando clanes, y los clanes se agruparon en tribus. Cada grupo rendía culto a un determinado animal, planta u objeto inanimado que recibía el nombre de tótem, con el cual sus miembros establecían vínculos más allá de lo humano.

Los tótems de Ruidera son testigos pétreos de la aspiración por lo divino de los clanes y tribus que poblaron las lagunas durante milenios.

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Los dos tótems de Ruidera

El tótem y el clan

Un tótem es un ídolo o emblema identificativo que señala la pertenencia a una determinada familia y distingue a un grupo de los miembros de otros clanes. Para que esta enseña sea recordada y para que la fuerza que emana de ella esté siempre presente, el tótem se imprime en distintos objetos: escudos, rocas, trozos de madera, y en diferentes utensilios de uso cotidiano.

Aparte de su función como aglutinante social, cohesionando a individuos dispares a los que otorga una identidad común, la figura totémica está intrínsecamente unida a la religión y es, ante todo, un objeto sagrado.

Tótems de Ruidera

El guardián de la laguna

Los miembros de un mismo clan están unidos por un vínculo de parentesco, participando de los mismos derechos y obligaciones que los miembros de una familia. Pero lo que en realidad identifica a los individuos como miembros de una comunidad es el nombre que todos comparten: su tótem.

Los colosos de Ruidera

Como los «moais» de la Isla de Pascua miran cara a cara al océano, los tótems de Ruidera miran de frente a la laguna.

Monolitos pétreos de unos diez metros de altura, han sido esculpidos por la acción del viento, el hielo y la lluvia sobre la piedra caliza durante milenios.

Cabeza del tótem de Ruidera

Cabeza del coloso armado

La semejanza de uno de ellos con una cabeza humana de dimensiones colosales seguro que no pasó inadvertida por los primeros pobladores de las lagunas.

También hay quien dice que George Lucas se inspiró en él cuando diseñó el casco de la armadura de las tropas de asalto del Imperio.

Tótem de Ruidera

Al lado del coloso armado, se levanta otro gigantesco monolito donde puede observarse una cabeza que devuelve la mirada, mientras su cuerpo se retuerce entre las grietas de la piedra erosionada por el paso del tiempo.

El culto al tótem

Más arriba, en la parte superior del macizo calizo de los tótems, se encuentra un saliente extrañamente plano en el que, aún hoy, pueden encontrarse pequeños restos de cerámica de la Edad del Bronce. Esto nos hace suponer la existencia en este acantilado, a la vera de los colosos, de alguna choza o altar de ofrendas, relacionada con el culto a los tótems.

En determinadas épocas del año, desde la parte superior de los tótems puede verse, al mismo tiempo, al sol escondiéndose más allá de la laguna y a la luna despertándose al otro lado de la montaña.

No es desdeñable la idea de que en la montaña habitara algún brujo o chamán encargado de recibir las ofrendas del pueblo, ofrecerlas a sus ídolos, e invocar su protección. Con el sol durmiente en la frente del coloso y el agua de la laguna a sus pies, la mística del lugar estaba servida.

Los dos tótems de Ruidera
El culto a los tótems de Ruidera por los pobladores de las lagunas ya fue puesta de manifiesto hace más de 30 años por Salvador Jiménez, llegando a suponer la existencia de un pequeño horno o altar para la realización de ofrendas.

Por la situación que ocupaba este asentamiento, con relación a los monolitos, algunos restos de huesos calcinados sin pertenecer a claros enterramientos y la marca del fuego en una base de barro, elevada del suelo y cobijada por los antedichos adobes, nos hizo suponer un pequeño horno  un altar en el cual los pobladores de alguna tribu cercana realizarían sus ofrendas en determinadas épocas. (1)

Seguro que si estos tótems estuvieran en Ibiza, gentes de todo el orbe peregrinarían a su vera para disfrutar junto a ellos de las puestas de sol, contemplando al astro rey llorando sobre las aguas de la laguna mientras es engullido por las montañas de poniente…

(1) JIMENEZ, S. y CHAPARRO, A. Las Lagunas de Ruidera en el tiempo. 1982.