En estos parajes manchegos contiguos a la cuenca del Alto Guadiana muchos polvorientos y semidesérticos, en los ciclos narrados; con su clima tan poco hospitalario; con sus muchos “embarazos” o impedimentos, a veces tercos, que tanto han paralizado y despotricado, y en aquel entonces de poco trigo-candeal, mucha tremolina y escasez de “pan candeal”, los “Molinos de Agua”, maquileros, del Alto Guadiana, jugaron un papel esencial en la molturación y abastecimiento de harina, moyuelo o salvado a comunidades humanas (también a animales) comarcanas…

Pero como hasta en los periodos más provechosos y “claros” de la actividad humana, no suelen faltar capítulos sombríos, los molinos referenciados, no quedaron libres o exentos de “vendettas”, por usura y “envidietas”

Molinos del Alarconcillo

Ateniéndonos al contenido del escrito proporcionado por nuestro buen amigo y juez de Ossa de Montiel, don Rafael Mora Alcázar, en los años 1942-1943, tanto el “Molino del Tobar”, como el «Molino de San Pedro”(emplazados a unos dos kilómetros uno de otro, en el margen derecho del riachuelo “Alarconcillo”), en aquella época molían al límite de su capacidad, por la gran afluencia de gente que acudían a moler su “costalejo” de candeal…

Según la nota, Amable Oliver, nieto del antiguo dueño del “Molino de San Pedro”, unos individuos experimentados en el manejo de artilugios explosivos, colocaron una potente carga en la presa del agua, reventándola, inundando repentinamente la aceña. Hechas las consiguientes pesquisas por las autoridades, dos vecinos de Ossa de Montiel acabaron en prisión, por el bárbaro atentado… También nos documenta don Rafael Mora que, los dueños de aquel molino ingeniaron y emplazaron un extraordinario generador de energía eléctrica, que suministraba luz eléctrica a aquella aldehuela de “San Pedro”, donde moraban unas cien personas.

El grano blando o candeal

El “grano blando” o candeal, en estos lares, era el más apto para la elaboración de pan; extendiéndose su cultivo por las dos Castillas, principalmente en las provincias de Ciudad Real, Albacete, Cuenca y tierras segovianas. El Servicio Nacional del Trigo, visto el gran empobrecimiento de la nación, impulsó el cultivo de este cereal a partir del año 1948, ya que desde el año 1939 al 1948, se produjo una gran depresión en su siembra. Entre los años 1939-1950, el abastecimiento de trigo presentó incontables problemas; estableciendo el Racionamiento, cuando una fanega de candeal valía entre quinientas y ochocientas pesetas, un pan diez y siete pesetas y un jornalero ganaba siete pesetas diarias. Para atenuar el empobrecimiento, se recurrió a la importación de grano, en principio de Argentina, pero al surgir dificultades en los pagos, se tuvo que apelar a Francia, Estados Unidos y Australia. Los “Delegados del Trigo” del Servicio Nacional de Cereales, provenientes de Alcázar de San Juan y Tomelloso, ejercieron un severo control sobre los molinos nombrados del Alto Guadiana, principalmente contra el “Molino de la Hermana Antoñica”… “Muchos días -nos comenta una persona muy longeva-, pa que no nos quitaran el poco candeal del espigue, nos teníamos que esconder entre los carrizales, cerca del Molino de la Hermana Antoñica y allí pasábamos horas y horas con Jesús y Dios en la boca…”.

Hoy me nacen imágenes, como un confuso vestigio de la memoria, cuando mi tía Pepa, con su extraordinaria meditación profunda, murmuraba con mi madre y convecinas la tragedia de la hija de un molinero: “(…) y llevaba su vida consagrada, a la más alta elevación de su alma, pese a estar prendada de un pastor y él igualmente encandilado por ella… Fue un año de mucha agua y muchos molinos fueron truncados…, ella se agarró a unas maderas, cuando era arrastrada por la corriente y el zagal trató de agarrarla…, pero como ella no quería rozarse con hombre sin estar casada, se soltó y se la llevó el agua…”.

Situación del molino, las pozas y regueras...

Situación del molino, las pozas y regueras…

En las inmediaciones del molino del Bachiller Muñoz

Estos días, en las inmediaciones del “Molino del Bachiller Muñoz”, los carrizales, juncales y mansiegares se bambolean y enredan, zarandeados bruscamente por repentinos vendavales…

Nuestra mente, presa de ciertas sombras que exhiben invisibles estigmas de la niñez, de pronto se esclarece con las luminiscencias de las titilantes olas del río y con los gemidos dulces de los reguerones de agua que movían aquellos molinos…

La mente, creando sus filosofías, también “avizora” muchas necesidades de aquellos tiempos y se topa con ciertos límites de los mundos… Atisba nuestro cerebro a aquellas gentes, lanzadas a largas caminatas (aligerado el cuerpo por el miedo), contando cuentos viejos, armonizados, al alba, con el canto de esperanza de los gallos; con sus semblantes conturbados; con sus prolijas imprecaciones y con su incierto porvenir…Trabando coloquios que afirmaban los empecinados acosos que padecían… Algunos a lomos de asnos, con ritmos cansados, mohínos y monótonos, por fragosas veredas, bufando, de cuando en cuando, con sus narices dilatadas, por espantados, al orejear y catarse con harapos y sayones aleteando, oreándose, en bardales y matojos, como fantasmas capturados con rezos…

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Tercera parte del estudio histórico titulado «Molinos… el molino del Bachiller Muñoz en el Alto Guadiana y recuerdos de la niñez».


Imagen de portada. JIMÉNEZ, S. Dibujo de un molino de agua tradicional.