Comentando con Salvador Jiménez las vivencias que dejó escritas en su libro “Cavilaciones en Ruidera” me llamó la atención una fotografía en blanco y negro donde se pueden ver varias filas de chicos de unos 10 años de edad posando junto a dos adultos, uno vestido con chaqueta y corbata y otro con sotana. Salvador me explicó que se trataba del maestro y el cura de Ruidera de sus tiempos de escuela. Aún se acordaba de ambos, especialmente de aquel sacerdote que en cierta ocasión tuvo con él un gesto de humanidad que todavía hoy recuerda con sumo detalle. Me comentó que se llamaba Pablo Cea y que no ha vuelto a saber nada de él desde que dejó Ruidera hace más de medio siglo.

Aquella imagen se me quedó grabada y me propuse localizar al «cura de la foto»

El cura de la foto

Aunque ha transcurrido toda una vida merecía la pena intentarlo. No me fue difícil localizarle en la catedral de Ciudad Real donde en la actualidad forma parte del cabildo catedralicio. Fui a conocerle y le enseñé la fotografía. Pude comprobar como la emoción mudaba su rostro. Ruidera había sido su primer destino como sacerdote y todavía se acordaba de Salvador y de algún otro muchacho. Días después quedamos a tomar un café y me relató sus vivencias de joven sacerdote recién ordenado en la España rural de mediados del siglo XX.

Estas letras son recuerdos de un cura que vivió en Ruidera hace más de 60 años

Don Pablo Cea Perea, sacerdote hijo del Campo de Montiel, nació en la localidad de Torrenueva en el año 1931. Ingresó en el Seminario de Ciudad Real en 1941 con 10 años. Allí curso sus estudios menores y posteriormente los de filosofía y teología que continuó en Salamanca, donde se ordenó en 1954 con 23 años. Don Emeterio Echeverría, Obispo de la Diócesis de Ciudad Real, le envió a la aldea de Ruidera como primer destino de su vida sacerdotal. Cantó su primera misa en el mes de julio de aquel año y a comienzos del siguiente curso, en septiembre u octubre de 1954, llegó a Ruidera. Allí vivió, junto a su madre y hermana, durante un año ejerciendo su ministerio hasta que en 1955, después del verano, le trasladaron a Daimiel.

Vista general de Ruidera en 1930

Vista general de Ruidera en 1930 (1)

Los chicos y el maestro

La fotografía nos presenta a los chicos escolarizados en la escuela unitaria de niños de Ruidera  junto al profesor y al sacerdote de la aldea. Los 26 niños posan para la ocasión vestidos al uso de la época, muchos de ellos con pantalón con peto azul con el que era costumbre hacer la primera comunión. Don Pablo recuerda al maestro don Antonio como una persona joven de trato muy agradable, cristiano fervoroso y enormemente enamorado de su trabajo. Su nombre completo era Antonio Martín Donaire, oriundo  de Salamanca. Vivió varios años en Ruidera impartiendo clases en la escuela. En aquellos tiempos ser maestro en el medio rural no era una tarea fácil. Algunos de los chicos vivían con sus familias en fincas y casas de labor más o menos distantes de la aldea. Para asistir a la escuela debían recorrer el trayecto que les separaba de Ruidera a pie, en carro o a lomos de alguna cabalgadura, y muchos de ellos ayudaban a sus familias desde edades muy tempranas. El sacerdote se acercaba regularmente a la escuela a impartir clases de doctrina cristiana a los chavales y prepararles para la primera comunión. También enseñaba a las niñas de Ruidera que estudiaban en otra clase con una maestra.

La foto está tomada casi con toda seguridad en la primavera del año 1955, antes de finalizar el curso escolar 1954/55

Aunque los chicos de la foto ya no son unos chicos, y desgraciadamente algunos de ellos ya no están entre nosotros, hemos conseguido sacar del anonimato algunas de las caras de la imagen: Antonio “el sartenilla”, Pedro, Valentín hijo de uno de los pescadores que encontraron entre los juncos de la laguna del Rey el cadáver de la casa del cerro, Paquillo hijo del mayoral de las vacas de la familia García Noblejas, Doroteo cuyos padres tenían una tienda de comestibles, Ambrosio hijo del encargado de las centrales hidroeléctricas, Salvador futuro escritor e historiador de las lagunas, Vicente hijo del hermano Nicolás casero de la finca de la Moraleja, José María “el pelao” hijo del hermano Eduardo, Vicente el de Amadeo o Ulpiano el de la Casemira “la panaera”.

La antigua y la nueva iglesia de Ruidera

Cuando don Pablo llegó a Ruidera, la iglesia de la aldea no era la que hoy podemos contemplar enfrente del ayuntamiento que se construyó a finales de los años 50. La antigua iglesia estaba situada en la calle principal, justo al lado donde hoy se encuentra el restaurante Blanco y Negro. Era una construcción sencilla, de planta rectangular, tejado regular y paredes blancas caldeadas por ambos lados.

Antigua iglesia de Ruidera

Antigua iglesia de Ruidera

Varios ventanucos dejaban entrar la luz en el interior del templo y un pequeño campanario en forma de espadaña con una única campana, que los monaguillos hacían sonar tirando de una soga, servía para avisar a los vecinos de la proximidad de algún acto de culto, bodas, entierros, etc. Una puerta en la pared lateral que daba a la calle mayor servía de entrada a la iglesia. El altar estaba situado junto a la pared que quedaba a la izquierda de la entrada. En el otro lado, al final del templo, una pequeña sacristía servía para guardar los ornamentos litúrgicos con los que contaba la iglesia. En su interior, el sagrario colocado sobre el altar presidía el templo, donde destacaba poderosamente la imagen de bulto de Nuestra Señora de la Blanca, patrona de Ruidera, que tanta devoción generaba entre las gentes de la ribera del Alto Guadiana.

El cura anterior don Ángel Vázquez levantó la casa parroquial en los terrenos situados junto a la iglesia actual. Allí residió don Pablo junto a su madre y hermana durante el año que permaneció en Ruidera. Durante aquel tiempo preparó los materiales básicos con los que pocos años después se construiría la nueva iglesia. Los propios vecinos aportaron tierra, cal y piedras, y la Diputación Provincial de Ciudad Real le entregó 30.000 pesetas de entonces para sufragar los gastos del nuevo templo.

Bendición nueva iglesia de Ruidera

Bendición de la 1ª piedra de la nueva iglesia de Ruidera (2)

La vida de un joven sacerdote de Ruidera en los años 50

Durante el año que pasó don Pablo en la ribera del Alto Guadiana llevó una vida como la de cualquier cura rural de mediados de siglo en España. Eran tiempos difíciles llenos de carestías y privaciones. Se levantaba temprano y, antes de la hora de entrada a la escuela, celebraba todos los días la Santa Misa ayudado por dos jóvenes monaguillos. Por la tarde dirigía el rezo del rosario al que solían asistir, sobre todo, las niñas y  jóvenes de la aldea. Todavía recuerda don Pablo que entre las niñas de la época era costumbre asistir al templo vestidas con un gran mandilón que utilizaban para jugar y distraerse durante los rezos. Los domingos el cura y varios monaguillos se trasladaban en carro a la cercana finca de la Moraleja, donde celebraba la Santa Misa en la capilla anexa a a la casa.

Cuando llegaba el buen tiempo organizaba con los más pequeños tardes de pesca en la laguna Grande donde eran muy abundantes los cachuelos y calandinos. Los muchachos se armaban con rudimentarias cañas de fabricación casera y pequeños botes donde introducían sus capturas hasta que regresaran a sus casas.

«Nos fuimos al Hundimiento a por cañas para pescar (…) y yo preparé una de fábula con bramante, el corcho de una botella, un anzuelo que me salió que ni pintado doblando un alfiler y de plomada un trozo de funda de instalación eléctrica» (3)

Trabó una fraternal amistad con el cura de la vecina localidad de Ossa de Montiel que dista de Ruidera algo más de 10 kilómetros. Ambos contaban con bicicletas como único medio de desplazamiento, ya que en aquellos tiempos los autos a motor era un lujo al alcance de muy pocos,  y regularmente se citaban ambos sacerdotes a mitad de camino entre ambas localidades para confesarse el uno con el otro y charlar sobre su actividad pastoral.

Aunque sólo residió un año en Ruidera, su primer destino como joven sacerdote le dejó una huella que no ha olvidado hasta el día de hoy. Tanto es así que a los pocos años de dejar la aldea una hermana suya ingresó en el convento de Monjas Mínimas de Daimiel, y cuando profesó sus votos eligió el nombre de sor Blanca en honor a la patrona de Ruidera.

En procesión entrando en la antigua iglesia de Ruidera

En procesión por las calles de Ruidera (4)

En las fiestas más solemnes se organizaban pequeñas procesiones por las calles de la aldea como la de la imagen precedente, donde el cura don Joaquín lleva bajo palio al Santisimo Sacramento, poco antes de entrar en la antigua iglesia.

Regreso a Ruidera

Si no ocurre ningún inconveniente de última hora he quedado con don Pablo para visitar Ruidera esta primavera. Será emocionante presenciar el reencuentro con alguno de sus muchachos y recorrer todos juntos el pueblo y las lagunas que le vieron cuando era un joven sacerdote con toda la vida por delante de poco más de veinte años.

No puedo terminar estas líneas sin expresar mi más sincero agradecimiento al «cura de la foto» don Pablo Cea, y a dos de sus chicos, Salvador Jiménez y Doroteo Muñoz, sin cuyos testimonios nunca habrían visto la luz estos recuerdos.

Imagen de portada. Los críos de mi generación, cuando fuimos registrados en la Escuela Unitaria de niños, junto al maestro Don Antonio y al cura Don Pablo. JIMÉNEZ, S. Cavilaciones en Ruidera (2007).
(1) Vista general de Ruidera. DOTOR, A. Enciclopedia Gráfica La Mancha y el Quijote. 1930. Centro de Estudios de Castilla La Mancha (UCLM).
(2) Bendición de la primera piedra, de la iglesia actual. Años 1958-63. JIMÉNEZ, S. Cavilaciones en Ruidera (2007).
(3) JIMÉNEZ, S. Cavilaciones en Ruidera (2007).
(4) El cura Don Joaquín en procesión, entrando en la vieja Ermita. Foto Juan Capdevila. JIMÉNEZ, S. Cavilaciones en Ruidera (2007).